
Ejercicio y Testosterona: ¿Cómo responde realmente nuestro sistema hormonal?
Es común escuchar en el mundo del fitness que el ejercicio es la herramienta definitiva para «disparar» la testosterona. Sin embargo, la ciencia nos muestra que la relación entre la actividad física y nuestras hormonas no es lineal ni igual para todos.
Un reciente estudio de revisión sistemática publicado en la revista PeerJ (Tu et al., 2026) analizó 15 ensayos controlados aleatorizados para entender cómo una sola sesión de ejercicio (ejercicio agudo) afecta los niveles de esta hormona. Aquí te explicamos los hallazgos con una mirada crítica y educativa.
El papel de la testosterona más allá de los músculos
La testosterona es una hormona esteroidea fundamental tanto en hombres como en mujeres. Aunque se asocia principalmente con la salud reproductiva y la masa muscular, también interviene en el metabolismo óseo, la función cognitiva y la salud cardiometabólica.
Tras el ejercicio, el cuerpo experimenta una respuesta dinámica. Pero, ¿qué factores determinan que esta respuesta sea mayor o menor?
1. El tipo de entrenamiento: Fuerza vs. Resistencia Cardiovascular
La evidencia sugiere que el entrenamiento de fuerza (como el levantamiento de pesas) parece generar un aumento más significativo en los niveles de testosterona en comparación con el ejercicio de resistencia cardiovascular (como correr o andar en bicicleta).
Además, tras una sesión de fuerza, los niveles tienden a tardar más tiempo en regresar a su estado base, mientras que en actividades de resistencia cardiovascular la recuperación suele ocurrir en la primera hora posterior al esfuerzo.
2. La intensidad y el equilibrio con el cortisol
No todo es «entrenar más duro». El estudio señala que el ejercicio de intensidad moderada a alta estimula el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal, elevando la testosterona de forma transitoria.
Sin embargo, hay un punto de inflexión. El ejercicio de intensidad muy alta y prolongado puede provocar una supresión de la testosterona durante la recuperación (pudiendo durar hasta 72 horas). Esto se debe a la acción del cortisol, la hormona del estrés, que en niveles elevados puede actuar de forma antagónica a la testosterona. Por tanto, la gestión de la carga es vital para evitar desequilibrios hormonales.
3. El rol del lactato y el metabolismo
Es importante desmitificar el papel del lactato. Lejos de ser un simple «residuo» o causa de la fatiga, la investigación sugiere que el lactato producido durante el ejercicio intenso podría actuar como un estímulo para la secreción de testosterona. En este sentido, el lactato se comporta más como una molécula de señalización que ayuda a la adaptación del cuerpo que como un enemigo del rendimiento.
4. Diferencias por edad y género
El estudio destaca que la respuesta hormonal es altamente individual:
- Género: Los hombres presentan niveles base mucho más altos y muestran una respuesta al ejercicio mucho más pronunciada que las mujeres. En mujeres, aunque hay beneficios metabólicos claros, las fluctuaciones de testosterona tras el ejercicio son significativamente menores.
- Edad: Los hombres jóvenes parecen tener una mayor capacidad de respuesta hormonal tras el ejercicio en comparación con las personas mayores. Por otro lado, en adolescentes, la respuesta inmediata al ejercicio parece ser mínima o insignificante según los estudios revisados.
Consideraciones sobre la medición
¿Sangre o saliva? El estudio indica que los análisis de sangre (suero) son más sensibles para detectar cambios generales, mientras que las pruebas de saliva parecen reaccionar más específicamente a los cambios inducidos por ejercicios de muy alta intensidad. Esto nos recuerda que el método de medición influye en cómo interpretamos los resultados científicos.
Limitaciones del estudio
Aunque esta revisión aporta luz sobre el tema, debemos interpretar los resultados con cautela debido a varias limitaciones mencionadas por los propios autores:
- Tamaño de la muestra: Se incluyeron un total de 251 a 267 participantes a través de 15 estudios, lo cual es un número relativamente pequeño para extraer conclusiones universales.
- Heterogeneidad: Los protocolos de ejercicio (duración, ejercicios específicos, tiempos de descanso) variaron mucho entre los estudios analizados, lo que dificulta la comparación directa.
- Falta de datos a largo plazo: El estudio se centra en el efecto agudo (una sola sesión). Esto no necesariamente predice cómo cambiarán los niveles de testosterona de forma crónica o permanente tras meses de entrenamiento.
- Estandarización: Existen variaciones en los métodos de ensayo de laboratorio que podrían afectar la precisión de los niveles reportados.
Conclusión
El ejercicio es un potente modulador de nuestro entorno hormonal, pero su efecto sobre la testosterona depende de un delicado equilibrio entre el tipo de esfuerzo, la intensidad y las características propias de cada persona (como la edad y el sexo).
Antes de buscar «hacks» para aumentar hormonas, la ciencia sugiere que la clave reside en un entrenamiento de fuerza bien programado, respetando los tiempos de recuperación para evitar que el estrés excesivo neutralice los beneficios que buscamos.
Referencia:
Tu Q, Li G, Wang S. (2026). Effect of acute exercise on the dynamics of testosterone levels: a systematic review of randomized controlled trials. PeerJ 14:e20615.
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