
¿Por qué reaccionamos de forma distinta al exceso calórico? El papel del NEAT
Seguramente has notado que, ante una misma ingesta calórica excesiva (por ejemplo, durante las vacaciones), algunas personas parecen ganar peso con facilidad mientras que otras mantienen su composición corporal casi intacta. ¿Es solo «genética» o existen mecanismos fisiológicos que podemos identificar?
Un estudio clásico liderado por el Dr. James Levine y publicado en la revista Science analizó precisamente esta variabilidad individual, poniendo el foco en un componente del gasto energético que solemos pasar por alto: el NEAT (Termogénesis por Actividad No Asociada al Ejercicio).
El experimento: 1000 kcal extra al día
Para entender este fenómeno, los investigadores seleccionaron a 16 voluntarios jóvenes y sanos. Durante 8 semanas, se les suministró una dieta controlada que contenía 1000 kcal diarias por encima de sus necesidades de mantenimiento. El objetivo era observar cómo el cuerpo gestionaba ese excedente de energía.
Lo que encontraron fue una variabilidad asombrosa: mientras que algunos sujetos ganaron apenas 0.36 kg de grasa, otros aumentaron hasta 4.23 kg. ¿A dónde fue a parar la energía en aquellos que apenas ganaron grasa?
NEAT: El movimiento invisible
El estudio reveló que el factor determinante no fue la tasa metabólica basal ni la termogénesis de los alimentos (la energía usada para digerir). El principal responsable de la resistencia al aumento de grasa fue el incremento espontáneo del NEAT.
El NEAT engloba todas las actividades físicas que no son dormir, comer o realizar un entrenamiento de fuerza o deporte programado. Incluye gestos cotidianos como:
- Mantener la postura.
- Caminar hacia el trabajo o al supermercado.
- Moverse inquietamente en la silla (fidgeting).
- Subir escaleras en lugar de usar el ascensor.
En los sujetos que mostraron mayor resistencia a la ganancia de grasa, el NEAT aumentó de forma automática para «disipar» el exceso de energía. En cambio, en aquellos que ganaron más peso, este mecanismo no se activó con la misma eficacia.
Fisiología y metabolismo: Más allá del «cardio»
Aunque el estudio de Levine se centró en el movimiento espontáneo, es imperativo recordar que el entrenamiento de fuerza es la base de la salud metabólica. Mantener una masa muscular funcional no solo mejora la gestión de la glucosa, sino que es un factor crítico de protección, especialmente en personas mayores, donde la pérdida de tejido muscular (sarcopenia) compromete la autonomía y la salud.
Limitaciones del estudio
A pesar de la relevancia de estos hallazgos, es necesario interpretar los resultados con cautela debido a varias limitaciones:
- Tamaño de la muestra: El estudio se realizó con solo 16 participantes, lo que limita la capacidad de generalizar los resultados a toda la población.
- Duración: Ocho semanas ofrecen una visión a corto/medio plazo, pero no explican necesariamente cómo se comporta el organismo ante un balance energético positivo mantenido durante años.
- Entorno controlado: Al ser un estudio de sobrealimentación supervisada, no tiene en cuenta factores conductuales complejos o el entorno obesogénico real donde la disponibilidad de alimentos ultraprocesados es constante.
- Variabilidad de género: Los autores señalaron que los cambios más bajos en el NEAT se observaron en mujeres, aunque la muestra era demasiado pequeña para establecer conclusiones definitivas sobre diferencias de sexo.
Conclusión
Los resultados sugieren que nuestro cuerpo posee mecanismos intrínsecos para regular el balance energético, y el NEAT parece ser uno de los más potentes. Si bien no podemos controlar nuestra tasa metabólica basal de forma directa, fomentar una vida activa y priorizar el movimiento cotidiano —sumado a un programa sólido de entrenamiento de fuerza— parece ser la estrategia más prudente y eficaz para mantener la salud metabólica a largo plazo.
Referencia: Levine, J. A., Eberhardt, N. L., & Jensen, M. D. (1999). Role of Nonexercise Activity Thermogenesis in Resistance to Fat Gain in Humans. Science, 283(5399), 212-214.



