
Motivación, ego y riesgo: una reflexión sobre el CrossFit actual
¿Motivar a cualquier costo?
Cada vez que se abren los clasificatorios de competencias de CrossFit ya sean locales, nacionales o internacionales— se repite una escena ya habitual: atletas grabándose, cronómetro en marcha y una presión constante por terminar el WOD en el menor tiempo posible. El formato “Open” ha democratizado el acceso a la competencia, pero también ha instalado una cultura donde la motivación extrema muchas veces supera a la racionalidad del entrenamiento.
En ese contexto, no es extraño observar ejecuciones cada vez más forzadas, con una técnica comprometida y una fatiga que desborda el control motor. Movimientos complejos como los levantamientos olímpicos o los ejercicios gimnásticos pasan a ejecutarse bajo condiciones que aumentan significativamente el riesgo de lesión. No porque el CrossFit sea peligroso en sí mismo, sino porque se lo empuja fuera de los márgenes que lo hacen seguro.
La evidencia científica es clara:
El CrossFit, cuando está bien planificado y correctamente supervisado, es un programa de entrenamiento seguro y efectivo. Pero eso supone respetar principios básicos del ejercicio físico como la progresión, la individualización y el control técnico. Justamente, esos principios son los que suelen desaparecer cuando el objetivo deja de ser entrenar y pasa a ser “clasificar”.
El problema no es competir.
El problema es competir sin criterio. Y, más aún, promover la competencia en personas que no cuentan con la experiencia, la base física o el dominio técnico suficiente para exponerse a ese escenario. Aquí el foco debe ponerse en el rol del entrenador. Motivar es parte esencial del proceso, pero motivar sin límites, sin evaluación y sin responsabilidad es peligroso. El entrenador no solo debe saber encender la chispa, también debe saber cuándo contener ese fuego.
Resulta preocupante cuando se alienta a competir como un paso “natural” del entrenamiento, sin filtros claros, sin estándares mínimos y sin considerar las consecuencias. Porque la mayoría de quienes participan en estas instancias no vive del CrossFit. No tiene auspiciadores, no compite por un contrato profesional. Tiene un trabajo, estudios, familia y responsabilidades que dependen de su salud física.
Entonces cabe preguntarse:
¿Tiene sentido promover una motivación sin criterio, con altos costos de riesgo de lesión, por una clasificación, un ranking o un video en redes sociales? Competir puede ser una experiencia valiosa, pero solo cuando se hace en el momento adecuado, con las herramientas adecuadas y bajo una guía responsable. Todo lo demás no es motivación: es exposición innecesaria.



