
Entrenamiento funcional de alta intensidad: una vía prometedora para personas mayores con discapacidad de movilidad
A medida que envejecemos, mantener la independencia funcional se convierte en una prioridad fundamental para la calidad de vida. Para las personas mayores que viven con discapacidades de movilidad a largo plazo (ya sea por condiciones neurológicas, lesiones o el propio proceso de envejecimiento), encontrar programas de ejercicio inclusivos y eficaces fuera del entorno clínico suele ser un desafío.
Recientemente, un estudio piloto liderado por la Dra. Lyndsie M. Koon exploró la viabilidad de implementar el entrenamiento funcional de alta intensidad (HIFT, por sus siglas en inglés) en gimnasios comunitarios para este grupo de población. Los resultados sugieren que, con las adaptaciones adecuadas, este modelo no solo es posible, sino también beneficioso.
¿Qué es el HIFT y por qué es relevante?
A diferencia de los métodos de entrenamiento más tradicionales y aislados, el HIFT se centra en movimientos funcionales —como sentarse y levantarse, empujar, traccionar o levantar objetos— que imitan las actividades de la vida diaria. Estos ejercicios se realizan de forma variada y se adaptan a la capacidad de cada individuo.
Un aspecto central de este enfoque es el entrenamiento de fuerza. Lejos de la creencia de que las personas con movilidad reducida solo deben realizar ejercicios de baja intensidad, la ciencia actual indica que el estímulo controlado de la fuerza es crucial para preservar la masa muscular y la densidad ósea, factores clave para la autonomía.
Hallazgos principales del estudio
La investigación, realizada durante 16 semanas con participantes de una edad media de 70 años, arrojó datos interesantes sobre la eficacia preliminar de este programa:
- Mejora en la vida diaria: Los participantes informaron mejoras significativas en actividades que ellos mismos consideraban prioritarias, como vestirse, realizar tareas del hogar o subir escaleras.
- Confianza y seguridad: Se observó un aumento en la «eficacia ante las caídas», es decir, los participantes se sentían más seguros y con menos miedo a caerse durante sus actividades cotidianas.
- Capacidad de trabajo y resistencia: Los tests de rendimiento mostraron incrementos en la resistencia (medida a través del número de pasos en 2 minutos) y en la capacidad general para realizar trabajo mecánico en diferentes intervalos de tiempo.
- Aceptación social: Las entrevistas finales destacaron que el entorno grupal y el apoyo de entrenadores capacitados en estrategias inclusivas fueron motores fundamentales para la motivación.
La importancia de la supervisión y la adaptación
Es fundamental subrayar que el programa no consistió en «ejercicio estándar», sino en una metodología altamente individualizada. Los entrenadores utilizaron bandas de resistencia, mancuernas y modificaciones (como realizar ejercicios sentados cuando era necesario) para garantizar la seguridad.
En cuanto a la fatiga durante el ejercicio, es un proceso multifactorial complejo. Es importante aclarar, desde una perspectiva educativa, que no debe atribuirse de forma simplista al lactato; la fatiga es la respuesta del cuerpo al esfuerzo y a la demanda energética, y su gestión adecuada es parte del proceso de entrenamiento.
Limitaciones del estudio
Como todo estudio científico, y especialmente al tratarse de una prueba piloto, existen limitaciones que obligan a interpretar los resultados con prudencia:
- Tamaño de la muestra: El estudio contó con un grupo pequeño (10 participantes finales), lo que impide generalizar los resultados a toda la población de personas mayores con discapacidad.
- Falta de grupo control: Al no haber un grupo que no realizara el ejercicio para comparar, no se puede afirmar con absoluta certeza que todas las mejoras se deban exclusivamente a la intervención.
- Sesgo de selección: Los participantes debían ser capaces de caminar ciertas distancias (con o sin ayuda), por lo que los resultados podrían no ser aplicables a personas con discapacidades de movilidad más severas o usuarios permanentes de silla de ruedas.
- Efecto techo: Algunos participantes ya tenían niveles de función relativamente altos al inicio, lo que pudo limitar el margen de mejora detectable en ciertas pruebas de equilibrio y fuerza.
Conclusión
Este estudio piloto ofrece evidencia preliminar de que el entrenamiento funcional de alta intensidad en entornos comunitarios es un modelo viable y aceptable para personas mayores con discapacidad de movilidad. Si bien se necesita más investigación con grupos más grandes, estos hallazgos refuerzan la idea de que el gimnasio del barrio puede ser un espacio de salud inclusivo, siempre que cuente con profesionales formados en adaptaciones y una cultura de accesibilidad.
Koon, L. M., Donnelly, J. E., Sosnoff, J. J., Tabatabaei, A., Sherman, J. R., Rice, A. M., Means, M., Handlery, R., & Handlery, K. (2026). High-Intensity Functional Training for Older Adults with Mobility Disabilities: A Feasibility Pilot Study. Healthcare, 14(3), 349. https://doi.org/10.3390/healthcare14030349
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