
El ejercicio como medicina de precisión: Comprendiendo el Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico (CKM)
En los últimos años, la medicina ha comenzado a observar la salud desde una perspectiva más integrada. Ya no hablamos solo del corazón, los riñones o el metabolismo de forma aislada. Hoy sabemos que estas áreas están profundamente interconectadas en lo que se denomina Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico (CKM).
Un reciente estudio publicado en la revista Cardiovascular Diabetology analiza cómo el ejercicio físico no es solo una recomendación general, sino una intervención que debe adaptarse según la etapa de progresión de este síndrome. A continuación, exploramos cómo la actividad física puede influir en nuestra salud de manera específica y por qué la personalización es la clave.
¿Qué es el Síndrome CKM?
El síndrome CKM describe un espectro que va desde la ausencia de factores de riesgo (Etapa 0) hasta la enfermedad cardiovascular clínica y la insuficiencia renal avanzada (Etapa 4). A lo largo de estas fases, el cuerpo experimenta cambios en la inflamación, el estrés oxidativo y la función de nuestros vasos sanguíneos.
La investigación sugiere que el ejercicio puede actuar como un «polipill» o polifármaco natural, ayudando a mitigar estos procesos, siempre que se aplique la modalidad e intensidad adecuadas.
El entrenamiento según la etapa de salud
El estudio destaca que no existe un enfoque de «talla única». La respuesta del organismo varía según el punto en el que nos encontremos:
- Prevención y Mantenimiento (Etapa 0): En personas sin factores de riesgo, el objetivo es preservar la salud mitocondrial y la sensibilidad a la insulina. Aquí, la combinación de entrenamiento de fuerza y actividad continua de intensidad moderada parece ser fundamental para crear una «reserva» de salud.
- Gestión del tejido adiposo (Etapa 1): Cuando aparece el exceso de grasa visceral, el ejercicio se convierte en una herramienta para mejorar el perfil de lípidos y reducir la inflamación sistémica.
- Riesgo metabólico y salud renal (Etapa 2): En presencia de hipertensión, diabetes tipo 2 o enfermedad renal temprana, el entrenamiento de fuerza es vital para mantener la masa muscular y mejorar el control de la glucosa, mientras que el entrenamiento de intervalos (HIIT) podría ofrecer beneficios adicionales en la capacidad cardiorrespiratoria.
- Enfermedad subclínica y clínica (Etapas 3 y 4): En etapas avanzadas, donde ya existe daño cardiovascular, el ejercicio debe ser supervisado por profesionales de la salud. Se ha observado que tanto el entrenamiento moderado continuo como el de intervalos pueden mejorar la función del corazón y la calidad de vida, incluso en personas mayores o con insuficiencia cardíaca.
Terminología y conceptos clave
Es importante precisar algunos conceptos para entender mejor cómo trabaja nuestro cuerpo:
- Entrenamiento de fuerza: Es esencial en todas las etapas. No se trata solo de «hacer músculo», sino de mejorar la capacidad metabólica del tejido muscular para gestionar la energía y proteger los órganos.
- Más allá del «aeróbico»: En lugar de usar términos antiguos como aeróbico o anaeróbico, los expertos prefieren hablar de intensidades (moderada vs. alta) y volúmenes de entrenamiento.
- El papel del lactato: Contrario a mitos populares, el lactato no es un residuo tóxico ni la causa de la fatiga muscular; es una fuente de energía y una molécula de señalización que ayuda al cuerpo a adaptarse al esfuerzo.
- Diferencias por sexo: La evidencia indica que hombres y mujeres pueden responder de forma distinta al ejercicio debido a factores hormonales y de distribución de grasa. Por ejemplo, las mujeres premenopáusicas suelen tener una protección vascular natural mediada por los estrógenos, lo que influye en cómo sus vasos sanguíneos responden al entrenamiento.
Limitaciones de la evidencia actual
Aunque los beneficios del ejercicio están ampliamente documentados, es fundamental mantener una postura prudente y reconocer las limitaciones de la investigación actual:
- Naturaleza de los estudios: Gran parte de la evidencia proviene de revisiones de estudios previos con poblaciones diversas, lo que genera una alta heterogeneidad en los resultados.
- El desafío de la adherencia: El mayor obstáculo identificado es la dificultad de mantener el ejercicio a largo plazo. Los beneficios de las adaptaciones fisiológicas son transitorios; si se interrumpe el entrenamiento (desentrenamiento), las mejoras en la sensibilidad a la insulina y la función vascular suelen revertirse.
- Falta de datos a largo plazo: Se necesitan más investigaciones que sigan a los pacientes durante muchos años para entender mejor cómo el ejercicio influye en la mortalidad final en cada etapa específica del síndrome CKM.
- Uso de tecnología: Aunque las herramientas digitales y wearables prometen mejorar el seguimiento, su eficacia clínica real para cambiar hábitos a largo plazo aún está en evaluación.
Conclusión
El ejercicio físico es una herramienta potente y necesaria para la salud cardiovascular, renal y metabólica. Sin embargo, su éxito depende de la constancia y de una prescripción profesional que considere la etapa de la enfermedad, el sexo y las capacidades individuales.
Nota: Antes de iniciar cualquier programa de entrenamiento intenso, especialmente si existen factores de riesgo cardiovascular o renal, es imprescindible consultar con un profesional médico y un especialista en ejercicio físico.
Referencia: Papadakis, Z. (2025). Exercise in CKM syndrome progression: a stage-specific approach to cardiovascular, metabolic, and renal health. Cardiovascular Diabetology.
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