¿Cómo influye el tipo de ejercicio en nuestro «jardín» interior? Microbiota y modalidades de entrenamiento
A menudo escuchamos que «el ejercicio es medicina», pero la ciencia actual está empezando a desglosar qué tipo de «dosis» y qué «modalidad» de entrenamiento benefician de forma específica a diferentes sistemas de nuestro cuerpo. Uno de los campos más fascinantes es la relación entre el esfuerzo físico y la microbiota intestinal: ese ecosistema de billones de microorganismos que habitan en nuestro tracto digestivo y que desempeñan un papel crucial en nuestra inmunidad, metabolismo y salud general.
Un estudio reciente publicado en la revista Cell Regeneration (2025) ha analizado cómo tres formas distintas de entrenamiento afectan la diversidad y composición de estos microorganismos en personas jóvenes previamente sedentarias.
Las tres modalidades a examen
El estudio dividió a los participantes en tres grupos para observar las diferencias tras ocho semanas de intervención:
- MICT (Entrenamiento continuo de intensidad moderada): Basado en carrera continua en cinta a una intensidad estable.
- HIIT (Entrenamiento de intervalos de alta intensidad): Realizado en bicicleta, alternando ráfagas cortas de esfuerzo cercano al umbral de máxima intensidad con periodos de recuperación activa.
- HIFT (Entrenamiento funcional de alta intensidad): Similar a los protocolos de CrossFit, este método utiliza movimientos multiarticulares y funcionales (que involucran fuerza y resistencia) realizados a alta intensidad y sin descansos fijos.
¿Qué descubrieron los investigadores?
Los resultados sugieren que, aunque cualquier forma de actividad física es preferible al sedentarismo, el entrenamiento funcional de alta intensidad (HIFT) parece inducir cambios más profundos y potencialmente favorables en el microbioma.
- Mayor diversidad bacteriana: La «alfa-diversidad» (un indicador de cuántas especies distintas tenemos y qué tan bien distribuidas están) aumentó de forma más marcada en el grupo de HIFT. En ecología intestinal, una mayor diversidad suele asociarse con un sistema más resiliente.
- Cambios en el perfil de especies: Se observó un incremento en bacterias como Lactobacillus y Limosilactobacillus en el grupo de HIFT y HIIT. Además, el grupo de HIFT mostró una mayor proporción de bacterias del tipo Faecalibacterium, un género conocido por producir ácidos grasos de cadena corta que ayudan a reducir la inflamación.
- Relación con el metabolismo muscular: Los análisis funcionales sugirieron que los cambios en la microbiota tras el entrenamiento HIFT podrían estar vinculados a una mejor degradación de aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), como la valina, leucina e isoleucina, lo cual es clave para la recuperación y función del tejido muscular.
Más allá de la resistencia: El papel de la fuerza y la funcionalidad
Es interesante notar que el HIFT, al combinar demandas de fuerza con una alta exigencia cardiovascular, provocó una reducción más significativa en la relación Firmicutes/Bacteroidetes, un marcador que en diversos estudios se ha relacionado con la mejora de la composición corporal.
Es importante destacar que estos beneficios no se deben a un solo factor (como el manejo del lactato, el cual es un metabolito energético y no simplemente un residuo o causa de fatiga), sino a una respuesta sistémica adaptativa al estrés físico que el ejercicio impone sobre el organismo.
Limitaciones del estudio
Como toda investigación científica, estos hallazgos deben interpretarse con cautela y no como verdades absolutas:
- Tamaño de la muestra: El estudio contó con 31 participantes, lo cual es un grupo reducido para generalizar los resultados a toda la población.
- Población específica: Se realizó en estudiantes universitarios sanos y previamente sedentarios. No podemos asegurar que estos mismos cambios ocurran de igual forma en personas mayores, atletas de élite o personas con patologías crónicas.
- Duración: Ocho semanas ofrecen una visión a corto plazo de las adaptaciones. Se desconoce si estos cambios se mantienen o evolucionan tras meses o años de práctica.
- Metodología de secuenciación: El uso de secuenciación de genes 16S rRNA es excelente para identificar «quién está ahí», pero tiene limitaciones para detallar con precisión absoluta todas las funciones genómicas de las bacterias en comparación con la secuenciación metagenómica completa.
Conclusión
Este estudio refuerza la idea de que la diversidad en nuestro entrenamiento —especialmente cuando incluimos modalidades funcionales y de alta intensidad— no solo fortalece nuestros músculos y corazón, sino que también podría estar cultivando un entorno interno más saludable y diverso.
Wang, Y., Bai, S., Yang, T., Guo, J., Zhu, X., & Dong, Y. (2025). Impact of exercise-induced alterations on gut microbiota diversity and composition: comparing effects of different training modalities. Cell Regeneration, 14(28).
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