
¿Peso normal, pero no saludable? Lo que el IMC no alcanza a mostrar en jóvenes
La evidencia muestra que tener un peso “normal” no siempre implica un buen estado de salud: la composición corporal y la condición física cumplen un rol clave.
Durante décadas, el índice de masa corporal (IMC) ha sido una de las herramientas más utilizadas para evaluar el estado nutricional. Su facilidad de uso lo ha convertido en un estándar tanto en contextos clínicos como educativos. Sin embargo, cada vez existe mayor evidencia de que este indicador, por sí solo, puede ser insuficiente para reflejar el verdadero estado de salud, especialmente en niños y adolescentes.
Una de las principales limitaciones del IMC es que no distingue entre los distintos componentes del cuerpo. Dos personas pueden tener el mismo IMC, pero composiciones corporales completamente diferentes: una con mayor masa muscular y otra con mayor cantidad de grasa. Esta diferencia no es menor, ya que el exceso de grasa corporal se asocia con un mayor riesgo cardiometabólico.
En este contexto, el concepto de obesidad con peso normal ha cobrado relevancia. Se refiere a individuos que, pese a tener un IMC dentro de rangos normales, presentan niveles elevados de grasa corporal. Esta condición puede pasar desapercibida si solo se considera el peso como indicador principal.
En población joven, esta situación es más frecuente de lo que se podría pensar. En una muestra de más de 1900 niños y adolescentes, cerca de la mitad de quienes tenían un peso normal presentaban un porcentaje de grasa corporal elevado. Además, este grupo mostró diferencias relevantes en indicadores de salud, como mayor circunferencia de cintura y niveles más altos de triglicéridos, lo que sugiere un perfil cardiometabólico menos favorable.
La condición física también juega un rol importante. En el mismo estudio, los jóvenes con mayor nivel de capacidad cardiorrespiratoria tendían a presentar una menor prevalencia de esta condición. Asimismo, se observaron niveles más bajos de fuerza muscular relativa en aquellos con mayor porcentaje de grasa corporal.
Estos hallazgos invitan a ampliar la mirada. Evaluar únicamente el peso puede llevar a conclusiones incompletas, especialmente en etapas de crecimiento y desarrollo, donde la variabilidad corporal es alta.
Sin embargo, es importante considerar que estos resultados provienen de un estudio transversal, lo que implica que las asociaciones observadas no deben interpretarse como relaciones causales. Aun así, aportan información valiosa para comprender mejor la complejidad de la salud en población joven.
En definitiva, avanzar hacia evaluaciones más integrales que incluyan composición corporal y condición física— permite detectar riesgos que de otro modo podrían pasar inadvertidos. Porque en salud, lo que no se mide, muchas veces no se ve.
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