
¿Puede el ejercicio ayudarte a dejar de fumar?
Un apoyo útil para el proceso, especialmente en los momentos más difíciles
El ejercicio físico suele recomendarse como parte de un estilo de vida saludable, pero también ha sido propuesto como una herramienta para ayudar a dejar de fumar. ¿Qué tan cierto es esto? La evidencia más reciente permite responder con mayor claridad, aunque con matices importantes.
Una revisión sistemática y metaanálisis que incluyó 59 estudios con más de 9000 participantes analizó el efecto del ejercicio sobre distintos aspectos del consumo de cigarrillo. Los resultados muestran que quienes realizan ejercicio tienen una mayor probabilidad de dejar de fumar en comparación con quienes no lo hacen: específicamente, un 15% más de probabilidad de mantenerse sin fumar de forma continua y un 21% más de lograr abstinencia en los últimos 7 días. Además, se observa una reducción promedio de aproximadamente 2 cigarrillos por día.
Estos resultados indican que el ejercicio tiene un efecto positivo, pero de magnitud moderada. Es decir, puede ayudar, pero no es suficiente por sí solo para lograr un abandono sostenido del tabaco.
El hallazgo más consistente se observa en el corto plazo. Los estudios que evaluaron sesiones únicas de ejercicio muestran que una sola sesión puede reducir de forma significativa las ganas intensas de fumar, con efectos inmediatos que pueden durar hasta 30 minutos. Este punto es particularmente relevante, ya que muchas recaídas ocurren en momentos específicos donde el impulso por fumar es más intenso.
En cuanto al tipo de ejercicio, la evidencia requiere una interpretación cuidadosa. Cuando se analizan en conjunto, los programas de ejercicio aeróbico muestran beneficios en la abstinencia. Sin embargo, al evaluar actividades específicas por separado como caminar, correr o andar en bicicleta los resultados no son estadísticamente significativos. Esto sugiere que el beneficio no depende de una modalidad concreta, sino del hecho de incorporar ejercicio de forma regular. Por otro lado, en el caso de sesiones individuales, la intensidad del ejercicio sí parece influir: a mayor intensidad, mayor reducción de las ganas de fumar en el momento.
También es importante considerar las limitaciones. El ejercicio no mostró efectos significativos en la reducción de las ganas de fumar a largo plazo, y la certeza de la evidencia para algunos resultados es baja. Por otro lado, no existen estudios incluidos que evalúen su impacto en el vapeo.
En definitiva, el ejercicio físico puede ser un apoyo relente para quienes buscan dejar de fumar, especialmente como herramienta para manejar los momentos críticos. Su mayor valor no está en reemplazar otras estrategias, sino en complementar el proceso y facilitar su sostenibilidad en el tiempo.
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