
¿Es más importante bajar de peso o mejorar la condición física?
La condición física se asocia más estrechamente con el riesgo de muerte que el peso corporal, aunque ambos factores siguen siendo relevantes para la salud.
Cuando se habla de salud, la conversación suele centrarse en el peso. Es común escuchar que bajar algunos kilos es la principal meta para vivir más y mejor. Sin embargo, un metaanálisis publicado en Progress in Cardiovascular Diseases invita a mirar más allá de la balanza y plantea una pregunta distinta: ¿qué pesa más a la hora de predecir la supervivencia, el peso corporal o la condición física?
Para responderla, los investigadores reunieron la evidencia de 10 estudios prospectivos en los que la condición física cardiorrespiratoria se evaluó mediante pruebas de ejercicio y el peso se clasificó según el índice de masa corporal (IMC). Posteriormente, analizaron la relación entre ambas variables y la mortalidad por todas las causas.
Los resultados fueron claros. En comparación con las personas que tenían un peso normal y buena condición física, quienes presentaban baja condición física tenían aproximadamente el doble de riesgo de morir, independientemente de si su IMC correspondía a peso normal, sobrepeso u obesidad. En otras palabras, estar «desentrenado» fue un factor mucho más consistente que el peso corporal al momento de predecir la mortalidad.
En cambio, las personas con sobrepeso u obesidad que mantenían una buena capacidad cardiorrespiratoria no mostraron un aumento significativo del riesgo de muerte respecto de aquellas con peso normal y buena condición física. Este es probablemente el hallazgo más relevante del estudio y el que dio fuerza a la conocida hipótesis «Fitness vs. Fatness»: la condición física puede atenuar gran parte del riesgo asociado al exceso de peso cuando el desenlace analizado es la mortalidad.
Es importante interpretar estos resultados con cautela. El estudio no afirma que la obesidad sea inofensiva ni que el peso deje de importar. La obesidad sigue asociándose con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer y otras condiciones crónicas. Lo que demuestra este trabajo es que, al analizar específicamente el riesgo de morir por cualquier causa, la capacidad cardiorrespiratoria emerge como un predictor más potente que el IMC por sí solo.
Por ello, los autores proponen un cambio de enfoque. En lugar de medir el éxito únicamente por los kilos perdidos, recomiendan dar mayor protagonismo a las intervenciones que aumenten la actividad física y mejoren la condición cardiorrespiratoria. Incluso personas que no consiguen bajar de peso pueden obtener beneficios importantes para su salud si logran mejorar su nivel de fitness. Las recomendaciones actuales de acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada representan una estrategia realista para avanzar en esa dirección.
La principal enseñanza del metaanálisis es sencilla: el peso corporal aporta información sobre la salud, pero la condición física aporta una parte de la historia que no deberíamos ignorar. Promover que las personas se muevan más y mejor puede tener un impacto tan importante como cualquier intervención dirigida exclusivamente a reducir el peso corporal.
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