
¿Vas al gimnasio, pero pasas sentado el resto del día?
La evidencia respalda la importancia del ejercicio y destaca el papel que tiene el movimiento cotidiano como complemento de una vida físicamente activa.
Durante años, el mensaje ha sido claro: realizar actividad física de manera regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer y muerte prematura. Nadie discute hoy los beneficios del ejercicio. Sin embargo, existe otro aspecto igual de importante que muchas veces pasa desapercibido: cómo nos movemos durante el resto del día.
No todo el movimiento ocurre dentro de un gimnasio o en una cancha. Caminar hasta el trabajo, subir escaleras, levantarse del escritorio, hacer tareas domésticas o permanecer de pie realizando distintas actividades también forman parte de nuestra actividad física diaria. A esto se le conoce como actividad física de baja intensidad, y representa una proporción importante del gasto energético cotidiano de la mayoría de las personas.
El articulo publicado en el British Journal of Sports Medicine no propone reemplazar el ejercicio por estas actividades. Todo lo contrario. Los autores recuerdan que la actividad física moderada y vigorosa sigue siendo la estrategia más eficiente para mejorar la salud. Lo que plantean es que la actividad física de baja intensidad merece mayor atención, tanto desde la investigación como desde las políticas públicas, porque es una conducta que prácticamente toda la población puede incorporar.
La evidencia disponible muestra que aumentar el movimiento de baja intensidad y reducir el tiempo sedentario se asocia con mejoras en el metabolismo de la glucosa, la salud cardiovascular y la mortalidad, especialmente cuando esas actividades reemplazan períodos prolongados sentado. Además, estos pequeños movimientos pueden ser una excelente puerta de entrada para personas que hoy no realizan ejercicio estructurado.
Eso sí, el mensaje debe interpretarse correctamente. Caminar un poco más no reemplaza una sesión de entrenamiento. Los propios autores señalan que serían necesarios muchos más minutos de actividad ligera para obtener beneficios comparables a unos pocos minutos de ejercicio vigoroso. Por eso, el objetivo no es elegir entre una opción u otra, sino entender que ambas cumplen funciones complementarias.
En una sociedad donde pasamos gran parte del día sentados frente a un computador, conduciendo o mirando una pantalla, cualquier oportunidad para moverse tiene valor. Levantarse cada cierto tiempo, caminar durante una llamada telefónica, utilizar las escaleras o desplazarse a pie cuando sea posible son decisiones simples que, repetidas diariamente, aumentan el volumen total de movimiento.
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