
¿Y si no veo resultados al ir al gimnasio?
El progreso no siempre aparece en la balanza, el espejo o una fotografía. A veces el cuerpo está cambiando mucho antes de que sepamos dónde mirar.
Una persona empieza a entrenar, organiza sus horarios, intenta ser constante y espera una señal que confirme que todo ese esfuerzo está funcionando. Después de varias semanas se sube a la balanza y el número apenas ha cambiado. La conclusión aparece rápido: “esto no está dando resultado”.
Es una reacción comprensible. Muchas personas comienzan a hacer ejercicio esperando bajar de peso, modificar su apariencia o alcanzar una determinada cifra. El problema aparece cuando un único indicador se convierte en el juez de todo el proceso. Si ese número no cambia como esperábamos, podemos interpretar como fracaso algo que quizás está produciendo mejoras importantes.
El peso corporal puede ser útil en determinados contextos, pero dice mucho menos de lo que a veces pretendemos. Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y presentar niveles muy diferentes de fuerza, capacidad cardiorrespiratoria, composición corporal o salud metabólica. Incluso una misma persona puede mantener un peso relativamente estable mientras mejora su condición física y modifica algunas características de su cuerpo.
Lo mismo ocurre con el espejo. Los cambios visibles suelen recibir gran parte de nuestra atención porque son fáciles de observar, comparar y mostrar. Sin embargo, entrenar también puede producir adaptaciones que no aparecen inmediatamente en una fotografía. Caminar durante más tiempo sin fatigarse, levantar una carga que antes parecía imposible, recuperarse mejor después de un esfuerzo o subir varios pisos por una escalera sin tener que detenerse también son resultados.
El problema es que no siempre los medimos.
Por eso evaluar el progreso puede requerir ampliar la mirada. En lugar de preguntar únicamente “¿cuánto peso perdí?”, también podríamos preguntarnos: ¿soy más fuerte?, ¿puedo hacer cosas que antes me costaban?, ¿me recupero mejor?, ¿estoy entrenando con mayor regularidad?, ¿mi capacidad física está mejorando?
Esto no significa que los objetivos relacionados con el peso o la apariencia sean irrelevantes. Para muchas personas son importantes y pueden formar parte legítima de sus razones para entrenar. La cuestión es evitar que una sola variable determine si todo el proceso merece o no la pena.
Además, nuestras expectativas también influyen. Si esperamos una transformación rápida y espectacular, incluso una mejora real puede parecernos insuficiente. El progreso fisiológico no siempre sigue el ritmo de nuestras expectativas ni ocurre de manera lineal. Algunas semanas habrá cambios evidentes y otras parecerá que nada sucede.
Y allí aparece una cuestión importante para la adherencia. Cuando una persona siente que su esfuerzo no produce resultados, las ganas de continuar pueden disminuir, aunque objetivamente esté progresando.
Por tanto, probablemente convenga hacerse una pregunta diferente: ¿qué ha cambiado desde que empecé, además de aquello que originalmente quería cambiar?
A veces alguien comienza a entrenar para perder cinco kilos y meses después descubre que puede correr, cargar más peso, dormir mejor, moverse con menos dificultad o simplemente sentirse más capaz.
Tal vez el resultado estaba ahí. Solo que todavía no habíamos aprendido a reconocerlo.
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