
Pagar por no ir al gimnasio
Más allá de las membresías: qué determina realmente la práctica sostenida de actividad física
Cuando una persona se inscribe en un gimnasio, suele hacerlo con optimismo. Imagina una rutina constante, mejoras en su condición física y una versión futura de sí misma más activa y saludable. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando esas expectativas se enfrentan a la realidad cotidiana?
Esa fue la pregunta que motivó el estudio Paying Not to Go to the Gym, publicado por los economistas Stefano DellaVigna y Ulrike Malmendier. A partir del seguimiento de miles de socios de gimnasios durante varios años, los investigadores analizaron una situación tan común que muchas personas la reconocen de inmediato: pagar una membresía que termina utilizándose mucho menos de lo esperado.
Los resultados fueron llamativos. Los usuarios con membresías de tarifa fija asistían, en promedio, menos de cinco veces al mes. A pesar de ello, una gran proporción habría gastado menos dinero utilizando alternativas de pago por visita disponibles en los mismos centros deportivos. En otras palabras, las decisiones tomadas al momento de contratar una membresía no parecían coincidir con el comportamiento que se observaba posteriormente.
El estudio también mostró que muchas personas continuaban pagando incluso después de haber dejado de asistir. En promedio, los usuarios con contratos mensuales tardaban más de dos meses en cancelar su membresía tras su última visita registrada. Esto sugiere que abandonar una práctica no siempre implica abandonar el compromiso económico asociado a ella.
Más allá de los números, el verdadero aporte de este trabajo está en la reflexión que propone. Los autores plantean que las personas tienden a sobreestimar cuánto utilizarán el gimnasio en el futuro. Al momento de inscribirse, las expectativas suelen ser altas, pero mantener una conducta en el tiempo resulta mucho más complejo que tomar una decisión inicial.
Esta observación tiene implicancias importantes para el mundo de la actividad física. Con frecuencia se utilizan las inscripciones, matrículas o afiliaciones como indicadores de éxito. Sin embargo, este estudio recuerda que una membresía activa no necesariamente representa una participación activa. Inscribirse es un paso importante, pero no garantiza la continuidad de la práctica.
Para quienes trabajan en promoción de la salud, gestión deportiva o entrenamiento, la lección es clara: la adherencia merece tanta atención como la captación. Lograr que una persona se registre en un programa es relevante, pero ayudarla a sostener su participación a lo largo del tiempo probablemente tenga un impacto mucho mayor.
Dos décadas después de su publicación, este estudio sigue siendo una referencia porque aborda una realidad que permanece vigente. La distancia entre nuestras intenciones y nuestras acciones continúa siendo uno de los mayores desafíos cuando hablamos de actividad física y cambio de comportamiento.
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