
¿Tiene sentido entrenar a todos los niños igual solo porque tienen la misma edad?
El Youth Physical Development Model nos recuerda que, en el deporte formativo, la maduración importa mucho más de lo que solemos pensar.
Es habitual que en el deporte infantil y juvenil el entrenamiento se organice por categorías de edad. Si dos niños tienen 12 años, lo más probable es que entrenen juntos y reciban prácticamente los mismos estímulos.
Pero hay un problema: tener la misma edad no significa estar en la misma etapa de desarrollo.
Mientras un niño puede estar comenzando la pubertad, otro de la misma categoría puede tardar uno o dos años más en llegar a ese momento. Esa diferencia influye en cómo responde el organismo al entrenamiento y, por lo tanto, también debería influir en cómo planificamos.
Esta es una de las principales ideas del Youth Physical Development Model (YPD), publicado por Rhodri Lloyd y Jon Oliver. El modelo propone dejar de mirar únicamente la edad cronológica y comenzar a considerar la maduración biológica al momento de desarrollar las capacidades físicas.
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que cuestiona una idea muy instalada durante años: la existencia de «ventanas de oportunidad» rígidas para entrenar determinadas capacidades. Durante mucho tiempo se pensó que, si un niño no desarrollaba la fuerza o la velocidad en una edad específica, después sería demasiado tarde.
La evidencia disponible no parece apoyar esa idea.
El modelo plantea que prácticamente todas las capacidades físicas pueden desarrollarse durante la infancia y la adolescencia. La diferencia está en que no siempre conviene darles la misma importancia. Hay momentos en los que vale la pena dedicar más tiempo a unas capacidades que a otras, pero eso no significa que las demás dejen de entrenarse.
También pone el foco en algo que muchas veces pasamos por alto: antes de formar deportistas, debemos formar personas que se muevan bien. Aprender a correr, saltar, aterrizar, girar, lanzar o cambiar de dirección con control es la base sobre la que más adelante se construyen las habilidades propias de cada deporte.
En ese contexto, la fuerza ocupa un lugar fundamental. Hoy sabemos que un programa bien planificado y supervisado no solo es seguro para niños y adolescentes, sino que además mejora el rendimiento, facilita el aprendizaje de otras capacidades físicas y puede ayudar a reducir el riesgo de lesiones.
Quizás el principal aporte del Youth Physical Development Model sea recordarnos algo que parece obvio, pero que no siempre llevamos a la práctica: los niños no se desarrollan todos al mismo ritmo. Si queremos que el entrenamiento acompañe realmente ese proceso, probablemente la primera pregunta no debería ser cuántos años tiene un deportista, sino en qué etapa de desarrollo se encuentra.
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