
Bursitis: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento
Revisión anatómica, clasificación, fisiopatología e implicancias clínicas para profesionales de la salud y la fisioterapia
Introducción
La bursitis es una de las patologías periarticulares más frecuentes en la práctica clínica. Sin embargo, su diagnóstico diferencial puede ser complejo: algunas bursas son profundas, su sintomatología se superpone con tendinopatías y radiculopatías, y sus causas, síntomas y tratamiento varían según la etiología. El siguiente artículo ofrece una revisión integral —desde la anatomía de las bursas hasta los criterios de diferenciación entre bursitis séptica y no séptica— orientada a profesionales de la salud que buscan un recurso de consulta clínica basado en evidencia.
Anatomía de las bursas
Las bursas son cavidades o sacos tapizadas por tejido conectivo y/o tejido sinovial. Podemos mencionar diferentes tipos de clasificaciones. Se dividen en 1) Mucosas: subcutáneas con fluido, sobre prominencias óseas como el olecranon, el maléolo y entre la piel y la patela. 2) Sinovial: con una fina capa de tejido conectivo y con un fluido viscoso, entre músculos o tendones y superficies óseas o proyecciones de estas, como la subdeltoidea, subescapular y trocantérea (Gray et al.,1901). Además, en base a su desarrollo la podemos diferenciarlas en constantes (formadas normalmente durante el desarrollo embriológico) y en adaptativas (se forman por la degeneración de tejido fibroso en respuesta al estrés en el sitio de fricción entre estructuras). Las constantes tienen membrana sinovial mientras que las adaptativas no la tienen y por ende no contienen o produce liquido sinovial. Por otro lado, también se propone la división en bursas subcutáneas, subfaciales, subtendinosas y submucosas, como así también en comunicantes (en comunicación con la capsula sinovial) y no comunicantes (Hirji et al., 2011).
Mas de 140 bursas fueron descritas. Se considera que la bursa más grande es la subacromial-subdeltoidea y de las mas importante junto con la subescapular. Ambas pueden presentarse como una sola bolsa. Las de mayor importancia clínica son la trocantérica, isquioglútea, pata de ganso, iliopsoas, retrocalcanea y olecranena.
A continuación se describen las bursas mas frecuentes en el cuerpo humano y que en imágenes, como en la RM, pueden observarse con aumento de líquido cuando existe bursitis (Hirji et al., 2011).
Bursas del hombro
En el hombro se describen 6 bursas: Subdeltoidea-subacromial (entre el deltoides y la articulación acromioclavicular), Subescapular (entre la glenoides de la escápula cubierta por la capsula y el tendón del subescapular), Cocaronclavicular (detrás de estos ligamentos coracoclaviculares), Supraacromial (entre el acromion y la piel), Subcoracoidea y la extensión medial de la subdeltoidea.
Bursas de la rodilla
En la rodilla encontramos la bursa infrapatelar superficial y la profunda. La primera se ubica entre el tercio distal del tendón rotuliano y la piel, mientras que la profunda tiene forma de un triángulo invertido cuya base la limita la grasa Hoffa y los laterales anteriormente por el tendón rotuliano y posteriormente por la tibia. Otra bursa es la prepatelar que tiene tres compartimientos por delante de la rótula que se encuentra limitada en su totalidad por la piel, anteriormente, y por el tendón del cuádriceps, posteriormente. La bursa suprapatelar se encuentra entre el fémur y la parte distal del tendón del cuádriceps. Posteriormente se encuentra la bursa entre el semimembranoso y la cabeza medial del gastrocnemio. Anterior y medialmente tenemos la bursa de la pata de gansos, entre los tres tendones de esta y el cóndilo tibial. También se puede mencionar la bursa del ligamento colateral medial, entre este el menisco medial.
Bursas del tobillo
En el tobillo encontramos la bursa retrocalcanea, entre el calcáneo y el tendón de Aquiles y la retrocalcanea superficial que se encuentra entre el tendón y la grasa subcutánea.
Bursas de la cadera
En las caderas la bursa del iliopsoas es la más grande y se localiza entre la unión miotendinosa de este músculo y la región anterior de la capsula articular coxofemoral. Otra bursa relevante es la trocantérica cubriendo la faceta posterior del trocánter mayor y quedando debajo del tracto iliotibial y del glúteo mayor. Cubriendo el resto del trocánter tenemos la subglútea media, profunda al glúteo medio cubriendo la parte superior de la faceta lateral y la subglútea menor (del glúteo menor) que cubre la faceta anterior del trocánter mayor y está debajo del glúteo menor.
Bursas del codo
En el codo la más conocida es la olecraneanda, superficial entre el tejido subcutáneo y el olecranon.
Bursitis: causas, síntomas y diagnóstico. Revisión de la literatura científica
La bursitis se refiere al agrandamiento patológico de la bursa que habitualmente cursa un proceso inflamatorio y puede presentar un engrosamiento de sus paredes, aumento de células sanguíneas inmunitarias, nuevos vasos sanguíneos y aumento de líquido sinovial. El principal síntoma es el dolor y el principal signo es la masa visible y palpable (si es posible observarla) y las pruebas de laboratorio de la aspiración. La prueba confirmatoria es el estudio histológico.
Las causas de bursitis más descritas son: trauma, inflamación (artritis reumatoidea), infección y depósito de cristales. De estos últimos se mencionan 3 tipos: cristal de urato monosódico (gota), di hidrato de pirofosfato cálcico (pseudogota) e hidroxiapatita cálcica. La burstis representa 1-12 casos por 10000 hospitalizaciones con una incidencia anual de 10/100000 siendo más del 80% de los afectados varones de entre 18-88 años de edad (Baumbach et al., 2014).
La clasificación sobre su posible origen infeccioso (séptica o no séptica) es muy importante para abordar el tratamiento (Baumbach et al., 2014) como así también si es aguda o crónica.
Tipos de bursitis: frecuentes e infrecuentes
Existen bursitis frecuentes y otras menos frecuentes. La bursitis Bicipital Radial pertenece al segundo grupo. Dentro de las frecuentes se encuentran la subdeltoidea y la olecraneana.

Bursitis bicipital radial
Yamamoto y cols (Yamamoto et al., 2001) realizaron una publicación describiendo dos casos en pacientes con dolor en la cara anterior del codo. Ambas pacientes mujeres (71 y 27 años) presentaron una masa palpable en la región anterior del codo. En un caso la masa medía 2cm, era suave, sensible y bien definida. Los síntomas aumentaban con la pronación. La radiografía mostró cambios en el tejido cortical de la tuberosidad bicipital. La CT y MRI detectaron una masa anterolatetal a la cabeza del radio con hipo densidad. En la cirugía se observó una capa fina y fibrosa de una sinovial hipertrófica con numerosos vasos sanguíneos. El estudio histológico mostró proliferación de la sinovial e infiltración de células (leucocitos).
La paciente más joven también mostró una masa hinchada en la cara anterior del codo también sensible y bien definida. La CT también reveló una masa sobre la cabeza del radio. En la extracción se observó un contenido con fluido amarillo y una masa cística. El examen histológico mostró capas de sinovial finas.
La pronación repetitiva se consideró el mecanismo de esta bursitis. Dicho movimiento puede comprimir el nervio interóseo y mediano. Sin un estudio histológico la mejora de los síntomas puede descartar que sea un neoplasma.
Histopatología e inmunopatología de la bursitis
En una revisión sistemática (Zhang et al., 2024) se revisó diferentes investigaciones que hayan estudiado la naturaleza inmunopatológica de la bursitis, entre ellos la relacionada con el estrés mecánico. Se incluyeron 42 estudios de los cuales en 32 se realizaron biopsias. La mayoría de los estudios encontró que la bursitis estaba relacionada a patologías como gota, inestabilidad del hombro, patología del manguito rotador, síndrome de compresión subacromial, hombro congelado y luxación del hombro. El 85% de los pacientes tenían más de 50 años.
La mayoría de lo estudios se concentraron en la bursa subacromial en pacientes con patología del manguito rotador. 12 de 20 estudios reportaron infiltración de células blancas, principalmente macrófagos y cantidades moderadas de linfocitos T. Cinco estudios observaron hiperplasia sinovial y fibrosis de la bursa en pacientes con compresión subacromial. En pacientes con tendinopatía del manguito rotador y síndrome de compresión subacromial el incremento de células T fue principalmente CD4+. Citocinas proinflamatorias como IL-6 y IL-1B fueron detectadas en muchas bursas. En pacientes con patologías derivadas del estrés mecánico también se observó infiltración de leucocitos, aumento de vascularización y proliferación de fibroblastos. Las metaloproteinasas también se observan aumentadas en comparación con los controles.
El patrón de la infiltración de leucocitos y citocinas proinflamatorias (IL-6, IL-1B y TNF alfa) fueron en general mayor en los pacientes que en los controles y similar entre diferentes patologías asociadas con bursitis. Se debe tener en cuenta las limitaciones en las herramientas utilizadas y la casi predominancia de la bursa subacromial, lo que dificulta generalizar los resultados.


Hallazgos histológicos en la bursa subacromial
Un estudio piloto (Minkwitz et al., 2021) examino la histología de muestras de la bursa subacromial en 4 grupos, uno sano y los otros con diferentes patologías de hombro. En las muestras del grupo 1 se encontró una capa de sinoviocitos con arquitectura organizada de tejido fibroso que consistía principalmente de fibrocitos y algunos vasos sanguíneos. En los grupos patológicos se observo una multicapa de membrana sinovial, mayor cantidad de fibroblastos, vasos sanguíneos, fibras nerviosas y metaplasia condral. A su vez, se encontraron mayor cantidad de leucocitos que en el grupo sano. Las diferencias significativas son entre el grupo 1 y 3 pero no entre los grupos patológicos.
Las citocinas inflamatorias (IL-6, IL1B, TNF alfa y COX2) fueron mayores en el grupo 2 significativamente en comparación al grupo 3. A su vez también se observa el aumento de MMP1 que fue el principal marcador para el grupo 4.
La presencia de leucocitos también esta presente en el grupo sano, aunque en menor medida. Este artículo fue incluido en la revisión sistemática previamente citada y se destaca una limitación importante, el tamaño de la muestra considerada insuficiente (difiere entre grupos).
La alteración histológica más fuerte se observó en el grupo con patología osteocondral (grupo 2) y en el grupo de ruptura completa del tendón del supraespinoso (grupo 4).
Bursitis isquioglútea
Además de la bursitis bicipital radial, existen otras bolsas que también presentan afectaciones con poca frecuencia. Una de ellas es la isquioglútea (entre el isquion y el glúteo mayor). Por su cercanía a diferentes fibras nerviosas su sintomatología puede confundirse con una radiculopatía. En un estudio de reporte de casos (Van Mieghem et al., 2004) se describe el caso de una paciente de 47 años de edad que refiere dolor en la región glútea e hinchazón. La examinación física encuentra una masa de tejido suave, bien definido, móvil y ligeramente tenso cerca de la tuberosidad del isquion.
El ultrasonido y la MRI confirmaron la masa bien definida debajo y parcialmente inferomedial al glúteo mayor. La cirugía destacó la masa cística sobre la tuberosidad del isquion. Histológicamente se confirmó la bursitis isquioglutea. Clínicamente este tipo de bursitis exhibe dolor en el centro del glúteo que se extiende a los músculos posteriores del muslo. Esta condición se puede presentar en personas que bajan de peso muy rápido, como los que tienen caquexia en paciente con cáncer.
Diagnóstico y tratamiento: bursitis séptica y no séptica
La revisión sistemática de Baumbach y colaboradores (Baumbach et al., 2014) (si bien se enfoca en las bursitis olecraneanas y prepaterales ) es muy útil para generalizar algunos datos que pueden guiarnos en el tratamiento. En primer lugar, determinar los signos cardinales (de ser posible) para sospechar una inflamación aguda. Luego, a través de la inspección observar estado de la piel para localizar presencia de heridas. Muy útil también es la temperatura corporal y la temperatura local en el sitio del dolor. Datos adicionales son la frecuencia cardiaca y respiratoria. Estos datos (como FC, FR, T° general y local, elevadas + herida) puede sugerir una bursitis de tipo séptica que requeriría en primer lugar tratamiento con antibióticos. A continuación, se presenta una tabla que permite sugerir bursitis por infección sin la posterior confirmación de la presencia de leucocitos en el líquido de la bursa y otros exámenes complementarios.
| Categoría | Parámetro | Valor que favorece bursitis séptica |
|---|---|---|
| Presentación clínica | Fiebre (>37,7 °C) | Positiva |
| Aumento de temperatura de la bursa | >2,2 °C de diferencia | |
| Lesión cutánea | Positiva | |
| Aspirado | Características macroscópicas del líquido | Aspirado purulento |
| Recuento de leucocitos | >3.000 células/μL | |
| Glucosa | <31 mg/dL | |
| Glucosa respecto del suero | <50% | |
| PMN | >50% | |
| Tinción de Gram | Positiva | |
| Muestra sanguínea | Leucocitos, proteína C reactiva (PCR) | Elevados |
Además, los autores proponen un algoritmo para diferenciar las bursitis sépticas de las no sépticas y en base a ello direccionar el tratamiento.

Presentación clínica y diagnóstico diferencial
En un estudio observacional (Van Der Windt et al., 1995) pacientes diagnosticados con bursitis aguda en el hombro describieron diferentes síntomas. El 66% de los pacientes desconocían el motivo de la burstis y alrededor del 20% se lo adjudicaban a actividades por sobre uso, el 30% padecía rigidez y dolor, el 69% no podía dormir del lado afectado y el 91% no podía dormir o levantarse, los síntomas estaban presentes en un 71% por la mañana y la abducción y rotación interna estaban afectos en un 75% y en un 76%, respectivamente.
Diagnóstico diferencial: bursitis trocantérica y síndrome del trocánter mayor
El diagnostico diferencial de algunas bursitis puede ser complejo, en especial las profundas, cuando no se utilizan algunos elementos complementarios (como las técnicas por imagen y el ultrasonido). Un caso particular es la bursitis trocantérica o «trocanteritis» que se consideraba la principal responsable del síndrome doloroso del trocánter mayor. Evidencia posterior demostró que este síndrome se debe principalmente a la tendinopatía del glúteo medio (Grimaldi et al., 2025; Speers & Bhogal, 2017). El paper de Grimaldi y colaboradores hace hincapié en el mito sobre el origen del dolor trocantérico en la bursa ya que estudios de imagen muestran que las estructuras principalmente comprometidas en estos casos son los tendones de los músculos abductores y que el agrandamiento de la bursa, cuando se presenta, coexiste la mayoría de las veces con patología del tendón. La presencia de cambios aislados de la bursa trocantérica sin patología del tendón son raros, entre el 2-8% de la población que reporta dolor en la región mencionada (Grimaldi et al., 2025).
Resumen
Existe un gran numero de bursas en el cuerpo humano, algunas están presentes con más frecuencia que otras, (p.ej, bursa del ligamento colateral medial en un 93% de los pacientes y la bursa infrapatelar superficial en un 55% de cadáveres) que se encuentran en desarrollo en etapas embriológicas o que se forman de manera adaptativa. Se cree que su principal función es la de disminuir la fricción entre las estructuras que se interpone para mejorar la función y disminuir la posibilidad de una degeneración acelerada de los tejidos.
La bursitis se puede referir a una respuesta de este tejido ante diferentes condiciones de estrés (ya sea mecánico o metabólico). Una respuesta aguda puede ser normal pero cuando se prolonga y genera diferentes signos y síntomas se lo considera patológico. Algunos casos de bursitis pueden ser consecuencia de enfermedades reumáticas, como artrosis, o también por deposito en ellas de distintos cristales.
Una causa común que se menciona en la bibliografía es el sobreuso. Al parecer en los casos agudos un 20% puede deberse a este mecanismo. Se han descrito diferentes casos como los de la patología del «estudiante» y del «tejedor».
Estudios histológicos muestran alteraciones en el tejido de las bursas agrandadas, como el aumento del grosor de la pared de las bursas, aumento de fibroblastos y de vasos sanguíneos como así también de células inmunitarias y citokinas relacionadas con la inflamación.
En la anamnesis el paciente reporta dolor en una región especifica, imposibilidad para apoyarse sobre ese lado, dolor similar durante la noche y el día y dificultades para dormir. En la exploración física si la bursa no es profunda puede encontrase signos cardinales además de una masa bien definida y suave. Los movimientos que aumenten la presión sobre este tejido pueden ser provocativos de dolor.
Preguntas frecuentes sobre bursitis
¿Cuál es la diferencia entre bursitis séptica y no séptica? La distinción principal radica en la presencia de agente infeccioso en el líquido bursal. La bursitis séptica requiere tratamiento antibiótico y eventualmente drenaje quirúrgico, mientras que la no séptica se maneja con AINEs, reposo y, en casos persistentes, infiltración de corticoides. Parámetros como fiebre > 37.7°C, leucocitosis en el líquido aspirado > 3.000 cél/μl y tinción de Gram positiva orientan hacia el origen infeccioso (Baumbach et al., 2014).
¿La «trocanteritis» es realmente una bursitis? No necesariamente. La evidencia actual indica que el síndrome doloroso del trocánter mayor se debe principalmente a tendinopatía del glúteo medio. El agrandamiento bursal, cuando está presente, coexiste en la mayoría de los casos con patología del tendón abductor. Los cambios aislados de la bursa trocantérica sin compromiso tendinoso ocurren sólo en el 2-8% de los pacientes con dolor en esa región (Grimaldi et al., 2025).
¿Qué estudios complementarios son más útiles para el diagnóstico de bursitis? La resonancia magnética (RM) y el ultrasonido son los métodos de imagen de elección. Permiten visualizar el aumento de líquido bursal, el engrosamiento de paredes y la eventual patología asociada (tendón, cápsula). La tomografía computada (CT) es útil en bursitis profundas como la bicipital radial. La confirmación definitiva del tipo de bursitis requiere análisis histológico del tejido bursal o del líquido aspirado.
¿Cuándo debe sospecharse bursitis por depósito de cristales? Cuando el cuadro clínico se presenta de forma aguda, con signos inflamatorios marcados, sin antecedente de trauma o infección evidente. Los cristales más frecuentes son el urato monosódico (gota), el pirofosfato cálcico dihidratado (pseudogota) y la hidroxiapatita cálcica. El análisis del líquido bursal bajo microscopía polarizada es el método de confirmación.
¿La bursitis isquioglútea puede confundirse con una radiculopatía? Sí. Por la proximidad anatómica de la bursa isquioglútea con el nervio ciático y otras fibras nerviosas, el dolor puede irradiarse a la cara posterior del muslo y simular una radiculopatía lumbar. La imagen por RM y el ultrasonido permiten identificar la masa cística característica sobre la tuberosidad del isquion (Van Mieghem et al., 2004).
Artículo escríto por
Emiliano Bonini Iafrate
Licenciado en Actividad Física y Deporte (Universidad Nacional de Avellaneda, Argentina), Cum Laude de la promoción 2023. Interesado en diversas ciencias de la salud y ávido lector de publicaciones científicas en áreas como anatomía, rehabilitación músculo esquelética, biomecánica y entrenamiento de la fuerza.
Es autor del libro «Anatomía Humana Funcional» publicado en conjunto con el equipo High Fitness. Actualmente es dueño y director del gimnasio RISE en San Vicente, Buenos Aires. Emiliano se dedica también a la divulgación científica a través de sus redes sociales, compartiendo y analizando investigaciones relevantes.
- Instagram Personal: @emiliano.bonini
- X (Twitter): @BoniniEmiliano
- Instagram de RISE Gimnasio: @rise.gimnasio
Referencias bibliográficas
Baumbach, S. F., Lobo, C. M., Badyine, I., Mutschler, W., & Kanz, K.-G. (2014). Prepatellar and olecranon bursitis: Literature review and development of a treatment algorithm. Archives of Orthopaedic and Trauma Surgery, 134(3), 359-370. https://doi.org/10.1007/s00402-013-1882-7
Gray, H., Pick, P., & Howden, R. (1901). Gray’s Anatomy (15.a ed.).
Grimaldi, A., Ganderton, C., & Nasser, A. (2025). Gluteal tendinopathy masterclass: Refuting the myths and engaging with the evidence. Musculoskeletal Science and Practice, 76, 103253. https://doi.org/10.1016/j.msksp.2025.103253
Hirji, Z., Hunjun, J. S., & Choudur, H. N. (2011). Imaging of the Bursae. Journal of Clinical Imaging Science, 1, 22. https://doi.org/10.4103/2156-7514.80374
Minkwitz, S., Thiele, K., Schmock, A., Bormann, N., Nguyen, T. H., Moroder, P., Scheibel, M., Wildemann, B., Plachel, F., & Klatte-Schulz, F. (2021). Histological and molecular features of the subacromial bursa of rotator cuff tears compared to non-tendon defects: A pilot study. BMC Musculoskeletal Disorders, 22(1), 877. https://doi.org/10.1186/s12891-021-04752-1
Speers, C. J., & Bhogal, G. S. (2017). Greater trochanteric pain syndrome: A review of diagnosis and management in general practice. British Journal of General Practice, 67(663), 479-480. https://doi.org/10.3399/bjgp17X693041
Van Der Windt, D. A., Koes, B. W., De Jong, B. A., & Bouter, L. M. (1995). Shoulder disorders in general practice: Incidence, patient characteristics, and management. Annals of the Rheumatic Diseases, 54(12), 959-964. https://doi.org/10.1136/ard.54.12.959
Van Mieghem, I. M., Boets, A., Sciot, R., & Van Breuseghem, I. (2004). Ischiogluteal bursitis: An uncommon type of bursitis. Skeletal Radiology, 33(7), 413-416. https://doi.org/10.1007/s00256-004-0789-3
Yamamoto, T., Mizuno, K., Soejima, T., & Fujii, M. (2001). Bicipital radial bursitis: CT and MR appearance. Computerized Medical Imaging and Graphics, 25(6), 531-533. https://doi.org/10.1016/S0895-6111(01)00010-6
Zhang, A., Brouwer, E., Sandovici, M., Diepstra, A., Jiemy, W. F., & Van Der Geest, K. S. M. (2024). The immune pathology of bursitis in rheumatic inflammatory diseases, degenerative conditions and mechanical stress: A systematic review. Seminars in Arthritis and Rheumatism, 68, 152527. https://doi.org/10.1016/j.semarthrit.2024.152527
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