
Deja de buscar el ejercicio «perfecto»
Las preferencias personales también forman parte de la experiencia de ejercicio.
Cuando hablamos de ejercicio físico, muchas veces la conversación comienza con una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuál es el mejor entrenamiento? Fuerza, cardio, entrenamiento funcional, correr, bicicleta, clases grupales, gimnasio… buscamos una modalidad que parezca universalmente efectiva. Sin embargo, existe otra pregunta que puede ser mucho más relevante: ¿qué tipo de experiencia de ejercicio se adapta mejor a cada persona?
No todos nos relacionamos de la misma manera con el ejercicio. Algunas personas disfrutan recibir instrucciones claras, seguir una planificación y saber exactamente qué deben hacer. Para ellas, una modalidad prescriptiva puede resultar atractiva: existe una estructura, un programa y alguien que guía el proceso.
Otras personas necesitan autonomía. Prefieren elegir sus ejercicios, modificar la sesión según cómo se sienten o tener flexibilidad para adaptar el entrenamiento a su vida cotidiana. En estos casos, la posibilidad de tomar decisiones puede ser un elemento importante para mantener la práctica.
También están quienes necesitan novedad. Para ellos, repetir exactamente la misma rutina puede convertirse rápidamente en una barrera. Probar ejercicios diferentes, aprender nuevas habilidades o cambiar los estímulos puede hacer que la actividad resulte más interesante.
Y existe otra dimensión especialmente relevante: la pertenencia. Para algunas personas, el ejercicio no es solamente una cuestión individual. El grupo, el ambiente, las relaciones sociales y sentirse parte de un lugar pueden convertirse en una razón fundamental para asistir y continuar.

La imagen que acompaña esta columna, adaptada de una propuesta de Peter Tierney, representa precisamente estas preferencias como un continuo. No pretende colocar a las personas en categorías rígidas. Una misma persona puede valorar la estructura en determinados momentos, buscar autonomía en otros o disfrutar de la novedad dependiendo de su experiencia y contexto.
Esta mirada resulta especialmente interesante cuando pensamos en la adherencia. Durante años hemos puesto mucha atención en diseñar programas técnicamente correctos: series, repeticiones, intensidad, frecuencia y volumen. Todo eso importa. Pero un programa puede estar perfectamente diseñado desde el punto de vista fisiológico y, aun así, no funcionar si la persona no quiere realizarlo.
Por último. mencionar qué en este ámbito, los trabajos de Fábio Dominski junto a los de otros investigadores han contribuido a ampliar la conversación sobre el ejercicio, incorporando dimensiones psicológicas, motivacionales y sociales relacionadas con la experiencia de entrenar. Su investigación nos recuerda que detrás de cada sesión existe una persona con expectativas, preferencias y diferentes razones para participar
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