
Motivación y adherencia al ejercicio en mujeres jóvenes: diferencias clave entre el entrenamiento de fuerza y el cardiovascular.
Introducción
Durante años, la literatura de fitness y las estrategias comerciales han operado bajo ciertos supuestos sobre las preferencias de entrenamiento en mujeres jóvenes: que prefieren de manera casi exclusiva las actividades de resistencia cardiovascular (como correr o clases dirigidas de intensidad moderada), que el entrenamiento grupal es su principal fuente de adherencia, y que la motivación estética o de manejo de peso es el único motor relevante.
Sin embargo, las tendencias en las salas de entrenamiento y la investigación reciente sugieren un cambio de paradigma. Para los entrenadores personales y las personas profundamente comprometidas con su salud, entender qué impulsa realmente a las mujeres activas a entrenar no solo permite estructurar mejores programas, sino también optimizar la comunicación y las estrategias de psicología deportiva para asegurar una adherencia a largo plazo.
Un estudio publicado en Health Psychology and Behavioral Medicine analiza estas dinámicas detalladamente, evaluando cómo varían las motivaciones y las herramientas de autorregulación según el tipo y la frecuencia de ejercicio en mujeres jóvenes que ya entrenan de forma regular.
¿Qué estudió la investigación y cómo se llevó a cabo?
El estudio, liderado por Chloe S. Jones y colaboradores (2025), tuvo como objetivo identificar los motivos y las prácticas de autorregulación que predicen la participación regular en ejercicio de fuerza y ejercicio cardiovascular.
A diferencia de otras investigaciones que analizan poblaciones sedentarias o con un historial de entrenamiento difuso, este estudio se enfocó en mujeres jóvenes que ya eran entrenadoras constantes (definidas como aquellas que habían realizado ejercicio al menos tres días por semana durante los últimos tres meses).
Metodología:
- Muestra: 269 mujeres de entre 18 y 34 años (con una edad media de 27 años).
- Herramientas de evaluación: Se utilizó el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ-long) para cuantificar el volumen de ejercicio, el Inventario de Motivaciones para el Ejercicio (EMI-2) para valorar 14 subescalas de motivación, y la Escala de Autorregulación de la Actividad Física (PASR-12) para medir la frecuencia de uso de estrategias conductuales.
¿Qué encontraron los investigadores?
Los datos recopilados revelaron varios puntos de gran valor para la práctica profesional:
- Preferencia por el entrenamiento de fuerza: El 32.3% de las participantes identificó el entrenamiento con cargas (fuerza/resistencia) como su modalidad preferida de ejercicio, superando al running (20.1%) y a las caminatas (13.4%).
- Entrenamiento individual y autónomo: El 70.3% de las encuestadas reportó que prefería entrenar sola (ya sea de forma autodirigida o guiada con rutinas individuales), contradiciendo estudios históricos que indicaban una preferencia casi universal por el entrenamiento supervisado o grupal en mujeres.
- Diferentes motores psicológicos según el tipo de ejercicio:
- Para el ejercicio cardiovascular: El análisis de regresión indicó que el control de peso y la capacidad de autorregulación fueron los predictores más fuertes de los minutos de ejercicio cardiovascular semanales.
- Para el entrenamiento de fuerza: Los predictores más robustos para la frecuencia de entrenamiento con cargas fueron la búsqueda de salud positiva, el incremento de la fuerza/resistencia física, y la autorregulación.
- Diferencias según el volumen de entrenamiento: Las mujeres que registraron altos volúmenes de actividad cardiovascular mostraron mayor influencia de factores interpersonales (reconocimiento social, afiliación y competencia). En contraste, quienes realizaban entrenamiento de fuerza con alta frecuencia (5 a 7 días por semana) se vieron motivadas por factores psicológicos intrínsecos como el disfrute de la actividad, la revitalización y el desafío personal.
- La autorregulación como factor transversal: Tanto en el ejercicio cardiovascular como en el entrenamiento de fuerza, las estrategias de autorregulación destacaron como un elemento clave para predecir la constancia de las participantes.
¿Qué significa esto para vos? (Aplicaciones prácticas)
Si sos entrenador personal, preparador físico o una persona comprometida con optimizar tu propio proceso de entrenamiento, estos hallazgos ofrecen lecciones accionables:
1. Fomentá la autonomía en la sala de fuerza
El paradigma de que las clientas prefieren únicamente clases grupales está cambiando. Una porción significativa de mujeres jóvenes en esta muestra prefiere entrenar de forma individual y autónoma. Como entrenador, esto sugiere que el diseño de planes de entrenamiento de fuerza individuales y bien estructurados —que ellas puedan ejecutar con confianza e independencia— es una propuesta de alto valor.
2. Entrená la «autorregulación», no solo el cuerpo
Dado que la autorregulación fue un predictor fundamental de la constancia en ambas modalidades de ejercicio, tu labor va más allá de prescribir series y repeticiones. Debés ayudar a tus clientes a desarrollar herramientas conductuales:
- Planificación del tiempo y contingencias: Enseñarles a agendar sus sesiones y a tener planes alternativos si sus horarios habituales fallan.
- Establecimiento de metas autónomas: Definir objetivos de rendimiento (como levantar cierto peso o mejorar tiempos) y no solo metas estéticas.
- Registro del progreso: Fomentar el uso de bitácoras de entrenamiento para que autoevalúen su evolución.
3. Adaptá tu discurso motivacional según el objetivo
- Al guiar a un atleta o cliente en el entrenamiento de fuerza, enfatizá los beneficios de la salud funcional, el desafío personal de volverse más fuerte y la sensación de logro físico (revitalización). Los datos sugieren que estas metas intrínsecas están fuertemente conectadas con la consistencia en el entrenamiento con cargas.
- Si buscás elevar el volumen de actividad cardiovascular, podés apoyarte en factores interpersonales (crear retos comunitarios o facilitar espacios donde puedan registrar y compartir sus marcas con otros, si es que lo disfrutan) o en estrategias estructuradas para el control de peso.
Limitaciones de la investigación
Es fundamental interpretar estos resultados con cautela metodológica:
- Diseño transversal: El estudio evalúa la motivación y la conducta en un único punto del tiempo, por lo que no es posible establecer relaciones de causa y efecto directas.
- Población específica: El grupo estudiado estuvo compuesto en su mayoría por mujeres jóvenes con un nivel educativo alto, solteras y sin hijos, lo que podría implicar una mayor flexibilidad horaria y autonomía en el estilo de vida que no necesariamente representa a mujeres con otras realidades familiares o socioeconómicas.
- Datos autoreportados: El volumen de ejercicio se midió a través de encuestas, un método propenso a la sobreestimación o subestimación de la actividad física real.
Conclusión
La motivación hacia el ejercicio no es homogénea. Los resultados de este estudio sugieren que el entrenamiento de fuerza atrae a las mujeres jóvenes a través de incentivos internos como la salud funcional y el reto personal, mientras que la autorregulación conductual es el puente común que sostiene el hábito del ejercicio a largo plazo. Integrar el desarrollo de habilidades psicológicas de planificación y fomentar la independencia en las salas de fuerza son caminos prometedores para elevar la calidad del servicio de entrenamiento y mejorar la salud colectiva de forma sostenible.
Jones, C. S., Spring, K. E., y Wadsworth, D. D. (2025). Factors influencing regular exercise in young women: a survey study assessing the preferences and motivators for aerobic and muscle-strengthening exercise. Health Psychology and Behavioral Medicine, 13(1), Artículo 2465613.
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