
¿Cada vez saltan menos los niños?
Un estudio con más de 6,2 millones de niño y adolescentes entre 6 y 18 años muestra un descenso del rendimiento en el salto entre 2000 y 2025.
La fuerza y la potencia muscular durante la infancia suelen quedar relegadas frente a otras capacidades físicas. Cuando hablamos de niños y adolescentes, todavía existe cierta resistencia a incorporar el entrenamiento de fuerza de manera sistemática, como si desarrollar estas capacidades fuera algo reservado para la adultez o el alto rendimiento.
Sin embargo, los datos empiezan a plantear una realidad difícil de ignorar.
Un estudio publicado en 2026 en el Journal of Exercise Science & Fitness analizó 6.233.940 niños y adolescentes chinos de entre 6 y 18 años, utilizando información procedente de 88 estudios y fuentes de datos, para analizar la evolución del rendimiento en el salto largo a pies juntos entre 2000 y 2025.
El resultado general fue un descenso de 6,88 centímetros por década en el rendimiento del salto. Y aunque una cifra aislada puede parecer pequeña, adquiere otra dimensión cuando observamos que representa una tendencia poblacional sostenida durante 25 años.
Pero quizás el dato más interesante no sea el descenso global, sino cuándo comenzó a hacerse más evidente.
Hasta 2010, el rendimiento se mantuvo prácticamente estable, con un cambio estimado de apenas +0,70 cm por década. Después de 2010, la tendencia cambió considerablemente: el descenso pasó a −9,45 cm por década. La diferencia entre ambos periodos fue estadísticamente significativa.
¿Qué ocurrió después de 2010?
Aquí es donde debemos evitar respuestas demasiado fáciles.
El estudio no demuestra que exista una causa específica detrás de este cambio. Los autores plantean diferentes factores que podrían contribuir al fenómeno: disminución de la actividad física, menor participación en actividades de fortalecimiento muscular, aumento del peso corporal, cambios en la composición corporal y un posible adelanto del momento de la pubertad.
Son hipótesis plausibles, pero no equivalen a demostrar causalidad.
También aparecen diferencias interesantes entre grupos. El descenso fue mayor en los niños, con −7,99 cm por década, frente a −5,15 cm en las niñas. Por nivel educativo, el grupo de High school presentó una disminución de −6,57 cm por década.
Y aquí aparece una reflexión importante para quienes trabajamos con niños y adolescentes.
El salto largo a pies juntos es una prueba sencilla. No requiere tecnología sofisticada ni equipamiento complejo. Sin embargo, permite obtener información sobre la capacidad de producir fuerza rápidamente con las extremidades inferiores y sobre la coordinación muscular.
Por eso, este estudio no debería interpretarse simplemente como una invitación a que los niños “salten más”.
Debería llevarnos a una pregunta mucho más amplia:
¿Estamos ofreciendo suficientes oportunidades para que los niños desarrollen fuerza y potencia durante sus años de crecimiento?
La respuesta no está en convertir la infancia en una sala de pesas ni en entrenar a todos como deportistas de alto rendimiento. Está en crear experiencias de movimiento variadas, progresivas y apropiadas para cada etapa del desarrollo.
Fuente: Qin et al. (2026), Journal of Exercise Science & Fitness, 24, 200518.
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