
Dolor y rendimiento: la necesidad de integrar la neurociencia en la atleta femenina
Cuando un atleta siente dolor, la respuesta inmediata suele ser buscar una lesión estructural: un tendón inflamado, una sobrecarga muscular o un daño articular. Sin embargo, la ciencia del dolor nos muestra una realidad mucho más compleja. El dolor no es simplemente un mensaje directo desde el tejido dañado hasta el cerebro; es una experiencia moldeada por el sistema nervioso central, influenciada por factores hormonales, biológicos y ambientales.
Para las atletas femeninas y quienes planifican su entrenamiento, comprender esta complejidad es fundamental. Un reciente análisis editorial publicado en el British Journal of Sports Medicine aborda cómo la neurociencia del dolor y los factores específicos del sexo biológico interactúan en el rendimiento y la salud de las atletas.
¿Qué se analizó?
Este trabajo consiste en un análisis editorial y de revisión de la literatura científica actual sobre la neurociencia del dolor en la población atlética femenina. Los autores examinaron cómo el sistema nervioso central (SNC) traduce los estímulos nocivos (nocicepción) en la percepción real del dolor, y de qué manera variables biológicas —como las fluctuaciones de estrógeno y progesterona, el desarrollo puberal o el déficit energético— modulan esta respuesta.
Los hallazgos principales: nocicepción no es igual a dolor
El documento destaca varios puntos clave que diferencian la estimulación de los tejidos de la experiencia real del dolor:
1. El filtro del sistema nervioso central
La nocicepción es la señal física de peligro que envían los receptores periféricos a través de la médula espinal. Sin embargo, el cerebro decide si esa señal se traduce en dolor percibido. Estructuras como la sustancia gris periacueductal, la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior participan en la modulación descendente del dolor, un mecanismo que puede amplificar o atenuar la señal de alarma. Si estos mecanismos fallan, estímulos leves pueden percibirse como dolores intensos, un fenómeno observado en patologías de dolor pélvico como la endometriosis.
2. Fluctuaciones hormonales y sensibilidad al dolor
Las hormonas sexuales no solo regulan el ciclo reproductivo, sino que también interactúan con los receptores de dolor a nivel neuronal. Las variaciones fisiológicas de estrógeno y progesterona durante el ciclo menstrual, la pubertad, el embarazo o la menopausia pueden sensibilizar o atenuar las señales nociceptivas. El análisis sugiere que la heterogeneidad en los niveles hormonales representa un factor de riesgo para la sensibilidad al dolor, lo que explica por qué la prevalencia de reportes de dolor aumenta significativamente en mujeres a partir de la pubertad en comparación con los hombres.
3. El impacto del déficit de energía (RED-S)
El Síndrome de Deficiencia Energética Relativa en el Deporte (RED-S), causado por un desequilibrio prolongado entre la ingesta nutricional y el gasto energético del entrenamiento, altera la función del hipotálamo. Esta alteración no solo compromete la función menstrual y la respuesta neuroendocrina al estrés, sino que los datos disponibles sugieren que también se asocia con una mayor susceptibilidad y percepción del dolor a nivel neuronal.
4. El problema del subregistro y el dolor pélvico
El análisis expone una barrera crítica en el ámbito deportivo: el silencio clínico. Los datos recopilados indican que hasta el 78.2% de las atletas femeninas que experimentan síntomas del suelo pélvico no los revelan, y el 95.1% no busca atención especializada. Condiciones como la dismenorrea (dolor menstrual debastador) aumentan su reporte incluso en atletas de nivel olímpico, pero suelen ser normalizadas o ignoradas.
¿Qué significa esto para el entrenamiento y la práctica profesional?
Si sos entrenador personal o un atleta comprometido con su rendimiento, estos hallazgos sugieren un cambio de enfoque:
- Evitá el reduccionismo estructural: No asumas que la ausencia de una lesión anatómica visible significa que «no hay dolor real», ni que todo dolor requiere un reposo absoluto basado en el daño del tejido. La fatiga, el estrés psicológico y la salud ginecológica modulan directamente los umbrales de dolor.
- Monitoreá la disponibilidad energética: El entrenamiento de fuerza y la preparación física intensa demandan un soporte nutricional adecuado. Si detectás signos de RED-S (como amenorrea o fatiga crónica), recordá que esto no solo afecta el metabolismo, sino que puede sensibilizar el sistema nervioso de la atleta, incrementando la percepción del dolor ante cargas de trabajo habituales.
- Fomentá canales de comunicación abiertos y seguros: Dado el alto porcentaje de atletas que ocultan molestias pélvicas o ginecológicas por pudor o normalización, es clave que los preparadores físicos integren preguntas sobre el bienestar general y el ciclo menstrual en sus herramientas de control de carga, sin invadir la privacidad pero eliminando tabúes.
Limitaciones de la evidencia actual
Aunque la neurociencia del dolor aporta explicaciones valiosas, los autores del análisis señalan vacíos importantes en la literatura que exigen cautela:
- Falta de estudios específicos en atletas: La mayoría de los datos sobre cambios estructurales en el cerebro debido a dolor pélvico crónico provienen de poblaciones no atléticas. Faltan estudios de neuroimagen realizados específicamente en cohortes de deportistas de rendimiento.
- Investigación limitada en etapas clave: El impacto de transiciones hormonales mayores, como el embarazo y la menopausia, sobre la neurociencia del dolor apenas ha sido explorado en poblaciones que realizan entrenamiento sistemático.
- Sesgo de autoreporte: El elevado nivel de subregistro de síntomas pélvicos dificulta conocer con precisión la verdadera incidencia y los mecanismos de dolor en el ámbito deportivo.
Conclusión
La percepción del dolor en la atleta femenina es un fenómeno biopsicosocial donde la biología ginecológica, el estado energético y el sistema nervioso central interactúan constantemente. Para optimizar el rendimiento y preservar la salud, es necesario superar el modelo clásico de «daño-respuesta» y empezar a considerar estas variables de manera integrada en la planificación del entrenamiento.
Holmes, S., Huesgen Hobbs, A., Ross, C. M. F., Brillantes, A., Boskey, E., Shim, J., Pierce, M., & Ackerman, K. E. (2026). Pain neuroscience in the female athlete. British Journal of Sports Medicine, 0(0), 1-3.
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