
Hormonas, fuerza y resistencia: lo que la transición de género nos enseña sobre la fisiología del entrenamiento
¿Hasta qué punto nuestro rendimiento físico y composición corporal están determinados por el entorno hormonal actual frente a nuestra estructura biológica previa? En el ámbito del fitness y el entrenamiento de fuerza, solemos debatir sobre el impacto de las hormonas sexuales como la testosterona y los estrógenos. Sin embargo, aislar estos efectos en estudios científicos convencionales es complejo debido a la variabilidad natural entre personas.
Una forma de aproximarse a esta cuestión desde la fisiología aplicada es analizar los cambios que ocurren en personas que pasan por una terapia hormonal de afirmación de género (GAHT, por sus siglas en inglés). Al observar cómo la supresión o el incremento de ciertas hormonas modifica la masa muscular, la fuerza y la capacidad aeróbica, podemos comprender mejor la plasticidad del cuerpo humano y qué factores estructurales permanecen estables.
Qué estudió y cómo
Esta revisión narrativa, publicada en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism por la Dra. Ada S. Cheung y colaboradores (2024), tuvo como objetivo examinar la evidencia científica existente sobre el impacto de la terapia hormonal de afirmación de género en el rendimiento físico, la fuerza muscular y los marcadores de resistencia.
Para ello, los investigadores realizaron una búsqueda en las bases de datos MEDLINE y Embase hasta el 1 de noviembre de 2022. Analizaron estudios transversales y estudios longitudinales de corta duración en poblaciones no atléticas de personas trans que iniciaron terapia hormonal después de la pubertad. Las variables principales evaluadas incluyeron:
- Masa muscular y masa grasa (medidas principalmente por densitometría DXA).
- Fuerza muscular (fuerza de agarre o dinamometría manual, y fuerza de extensión/flexión de rodilla).
- Marcadores de resistencia y función cardiorrespiratoria (VO2 pico y niveles de hemoglobina).
- Rendimiento en pruebas físicas de aptitud (flexiones de brazos, abdominales y tiempo de carrera de 1.5 millas).
Qué encontraron
Los resultados de los estudios analizados en la revisión sugieren que el cuerpo humano experimenta adaptaciones notables cuando se modifica su entorno hormonal, aunque algunas características antropométricas básicas no cambian:
- Cambios en personas trans masculinas (terapia con testosterona):
- Durante el primer año de terapia, se observó de manera consistente un aumento del 10% en la masa libre de grasa (masa magra) y una disminución del 10% en la masa grasa.
- La fuerza de agarre manual se incrementó aproximadamente un 18% a los 12 meses.
- Hacia los 3 años de tratamiento, el rendimiento en pruebas físicas de aptitud (flexiones, abdominales y carrera) mejoró hasta alcanzar niveles similares a los de los hombres cisgénero de referencia.
- Cambios en personas trans femeninas (terapia de supresión de testosterona y estrógenos):
- Tras 12 meses de terapia, la masa grasa aumentó aproximadamente un 30%, mientras que la masa muscular disminuyó de forma modesta (alrededor de un 3% a 5%), continuando un descenso progresivo más allá de los 3 años.
- Aunque la masa magra absoluta de las mujeres trans se mantuvo más alta en comparación con las mujeres cisgénero (asociado a una mayor estatura promedio en esta muestra), los porcentajes relativos de masa magra y grasa, así como la fuerza muscular corregida por masa magra, no mostraron diferencias estadísticamente significativas con respecto a las mujeres cisgénero.
- Los niveles de hemoglobina disminuyeron hasta el rango de referencia de las mujeres cisgénero en un plazo de 3 meses.
- Rendimiento y capacidad cardiorrespiratoria:
- Un estudio transversal analizado mostró que, tras una media de 14 años de terapia hormonal, el VO2 pico corregido por peso o masa magra en mujeres trans no presentaba diferencias estadísticas con el de las mujeres cisgénero.
- En pruebas de aptitud física de tipo militar, tras 2 años de terapia hormonal, la ventaja en el tiempo de carrera de las mujeres trans disminuyó hasta no mostrar diferencias con las mujeres cisgénero. A los 4 años, la ventaja en abdominales también desapareció, aunque se observó que la ventaja estadística en flexiones de brazos (fuerza del miembro superior) persistió en comparación con las mujeres cisgénero.
Qué significa para mujeres que entrenan o cuidan su salud
Para las mujeres interesadas en la composición corporal y el rendimiento, esta investigación aporta datos de gran valor sobre la fisiología de los tejidos. El estudio indica que la capacidad de transportar oxígeno (hemoglobina) y la proporción de masa grasa y magra son altamente dependientes del ambiente hormonal activo. Al modificarse dicho ambiente, estas variables se adaptan con relativa rapidez.
Por otro lado, la estatura, las dimensiones de las extremidades y el tamaño del esqueleto desarrollados durante la pubertad permanecen inalterables ante la terapia hormonal en la edad adulta. Esto sugiere que ciertos aspectos de la fuerza absoluta están vinculados a la estructura ósea y al tamaño general del cuerpo, mientras que la calidad muscular y la función metabólica del músculo son altamente maleables según el perfil hormonal dominante.
Qué significa para entrenadores y profesionales
Para los profesionales del fitness que diseñan programas de entrenamiento, esta información subraya la necesidad de un enfoque analítico:
- Evaluación relativa: Al comparar el rendimiento físico o planificar objetivos, es más preciso utilizar valores relativos (fuerza en relación con la masa magra o consumo de oxígeno relativo al peso) que valores absolutos, ya que la estructura ósea influye de forma determinante en estos últimos.
- Comprender la plasticidad del tejido: Los cambios en los niveles hormonales (ya sea por intervenciones médicas o variaciones endógenas) tienen un impacto directo y medible en la recuperación, la acumulación de grasa y la capacidad de resistencia.
- Diferencias regionales en la fuerza: El hecho de que la fuerza en flexiones de brazos mantuviera cierta ventaja en mujeres trans tras varios años de terapia, a diferencia de la carrera o los abdominales, sugiere que el tren superior e inferior pueden responder a ritmos diferentes ante la pérdida o ganancia de masa muscular de origen hormonal.
Aplicaciones prácticas
- Utilizar indicadores de fuerza relativa: Al evaluar el progreso de una clienta en el entrenamiento de fuerza, resulta conveniente medir la fuerza en relación con su masa libre de grasa para monitorizar de forma precisa las adaptaciones de calidad muscular.
- Monitorear el rendimiento aeróbico ante cambios hormonales: Las fluctuaciones significativas en los perfiles hormonales pueden alterar la masa eritrocitaria y el transporte de oxígeno en pocos meses, lo que requiere adaptar la intensidad del entrenamiento cardiovascular de manera temporal.
- Planificar con base en la estructura individual: Dado que las dimensiones óseas y la estatura no se modifican con cambios en el entorno hormonal adulto, la selección de ejercicios de fuerza (biomecánica, rangos de movimiento y palancas) debe basarse siempre en la estructura antropométrica individual de la persona.
- Enfatizar el entrenamiento del tren superior: Dado que el tren superior presenta adaptaciones musculares particulares y suele verse influido por la distribución histórica de masa muscular, estructurar programas específicos de fuerza para el torso puede favorecer un desarrollo equilibrado en atletas femeninas.
Limitaciones del estudio
Es fundamental interpretar estos hallazgos con prudencia debido a las siguientes limitaciones identificadas por los autores de la revisión:
- Falta de estudios en atletas: La gran mayoría de los datos disponibles proviene de poblaciones no atléticas. No existen estudios prospectivos controlados a largo plazo en atletas de alto rendimiento o élite.
- Sesgo de supervivencia: En los estudios de cohortes militares analizados, se observó una alta tasa de abandono a lo largo de los años. Esto genera la posibilidad de que los individuos que continuaron en el estudio poseyeran una mejor condición física de base, sesgando los resultados.
- Herramientas de medición: Muchos estudios emplearon DXA para evaluar la masa muscular, un método que puede verse afectado por cambios en la hidratación y que es menos preciso que la resonancia magnética para medir variaciones musculares longitudinales.
- Falta de control de variables de estilo de vida: Las pruebas físicas de aptitud analizadas en el ámbito militar no controlaron factores como el tipo o la intensidad del entrenamiento físico individualizado.
Conclusión
La evidencia científica recopilada sugiere que la terapia hormonal de afirmación de género tiene un impacto profundo en la reconfiguración de la composición corporal, los marcadores de resistencia y la fuerza muscular. Tras un periodo de al menos dos años, muchos de los parámetros de rendimiento en personas no atléticas se aproximan a los de sus respectivos grupos de control cisgénero, aunque persisten diferencias estructurales y de fuerza absoluta ligadas al desarrollo óseo previo. Este panorama nos recuerda la complejidad del cuerpo humano y la necesidad de evitar análisis simplistas al evaluar la relación entre hormonas y rendimiento físico.
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Cheung, A. S., Zwickl, S., Miller, K., Nolan, B. J., Wong, A. F. Q., Jones, P., & Eynon, N. (2024). The Impact of Gender-Affirming Hormone Therapy on Physical Performance. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 109(2), e455–e465.
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