
Pérdida de peso con agonistas de GLP-1: el rol del entrenamiento de fuerza en la preservación de la masa magra
La llegada de los fármacos agonistas de GLP-1 (como la semaglutida) y los coagonistas GIP/GLP-1 (como la tirzepatida) ha transformado el abordaje clínico de la obesidad. Estas opciones farmacológicas permiten reducciones de peso corporal muy significativas, que suelen rondar entre el 15% y el 25%. Sin embargo, dentro del ámbito del entrenamiento y la salud, surge una preocupación recurrente: ¿cuánto de ese peso perdido corresponde a tejido muscular y qué impacto real tiene esto sobre la salud a largo plazo?
Una reciente revisión narrativa de cardiología publicada en el European Heart Journal (2026) analiza este escenario, aportando claridad sobre lo que ocurre a nivel de composición corporal cuando se utilizan estas terapias.
¿Qué estudió la revisión y de dónde viene la evidencia?
El objetivo del documento fue sintetizar la evidencia disponible en torno a tres ejes:
- La magnitud real de la pérdida de masa magra asociada a estos fármacos y sus mecanismos biológicos.
- Las implicancias cardiovasculares de dicha pérdida.
- Las estrategias farmacológicas (en desarrollo) y no farmacológicas (como el entrenamiento y la nutrición) para mitigarla.
Para ello, los autores compilaron datos de 15 ensayos clínicos, subestudios y cohortes observacionales que evaluaron fármacos como liraglutida, semaglutida y tirzepatida. Asimismo, analizaron terapias en fases de investigación orientadas a la preservación del tejido muscular, tales como los inhibidores de miostatina/activina.
Es fundamental aclarar que la población de referencia en estos estudios no está compuesta por atletas, sino por adultos con sobrepeso u obesidad, muchos de ellos con diabetes tipo 2 o riesgo cardiovascular. No obstante, sus conclusiones resultan de gran utilidad si trabajás con clientes en el gimnasio que están utilizando o consideran utilizar estos tratamientos, un escenario cada vez más frecuente en la práctica profesional.
Diferencia clave: masa magra no es solo músculo
Antes de analizar los números, es indispensable precisar un concepto técnico: la masa magra (lean mass) no equivale exclusivamente a músculo esquelético. Las mediciones de masa magra obtenidas mediante absorciometría de rayos X de doble energía (DEXA) o bioimpedancia incluyen también agua corporal, órganos y glucógeno. Por lo tanto, una disminución en el registro de masa magra puede no reflejar fielmente una pérdida neta de proteína muscular contráctil.
¿Qué encontraron? Hallazgos sólidos vs. datos preliminares
Los datos muestran de manera sólida que la pérdida de masa magra ocurre de forma paralela a la reducción de grasa, aunque con variaciones importantes según el fármaco y el protocolo:
- Semaglutida (ensayo STEP-1, 68 semanas): Se observó una pérdida promedio de masa magra de aproximadamente el 9.7%, acompañada de una reducción del 19.3% en la masa grasa. Esto sugiere que, en ese contexto, alrededor de un tercio del peso total perdido correspondió a masa magra.
- Tirzepatida (ensayo SURMOUNT-1, 72 semanas): La masa magra representó cerca del 25% del peso total perdido, mientras que el 75% restante fue masa grasa. A pesar de una mayor pérdida de peso absoluto en comparación con semaglutida, la proporción se mantuvo en rangos similares.
Diferencias y observaciones preliminares:
Los investigadores identificaron una variabilidad notable entre los distintos estudios individuales analizados. En algunos de ellos, la pérdida de masa magra fue mínima o inexistente. Los autores del trabajo sugieren que esta disparidad podría explicarse por variables que no siempre se reportan con precisión en los ensayos clínicos, como el nivel de ingesta de proteínas y la realización de entrenamientos de fuerza por parte de los participantes. Esto indica que la pérdida de masa magra podría no deberse de forma exclusiva al fármaco, sino también al contexto del estilo de vida de cada cohorte.
Interpretación clínica del impacto:
El análisis advierte que la pérdida de masa magra detectada por métodos de imagenología no se traduce necesariamente en una pérdida equivalente de fuerza o funcionalidad muscular. Una fracción de esa reducción corresponde a agua intracelular y glucógeno hepático. Además, en la gran mayoría de los pacientes, las mejoras metabólicas globales (reducción de la grasa visceral, mayor sensibilidad a la insulina y descenso de la presión arterial) compensan de manera favorable la pérdida moderada de masa magra. El riesgo clínico real parece concentrarse principalmente en poblaciones vulnerables, como adultos mayores o personas con sarcopenia preexistente, donde reducciones pequeñas de tejido muscular sí comprometen la independencia funcional.
¿Qué significa esto en la práctica para el entrenador?
Si entrenás a personas que utilizan este tipo de fármacos bajo supervisión médica, los datos sugieren pautas claras para orientar su preparación:
- Priorizar el entrenamiento de fuerza y la proteína: Actualmente, el entrenamiento de fuerza estructurado y un aporte proteico optimizado constituyen la herramienta principal y con mayor respaldo científico para preservar la masa muscular durante el tratamiento. Los fármacos complementarios orientados a este fin aún se encuentran en fases tempranas de desarrollo.
- Contextualizar las mediciones de composición corporal: Si detectás un descenso de masa magra en una báscula de bioimpedancia o un análisis de composición corporal, evitá generar alarmas innecesarias en tu cliente. Explicá que parte de esa pérdida suele ser agua y glucógeno, no necesariamente destrucción de fibra muscular.
- Redefinir el objetivo del entrenamiento: En estos casos, el rol del entrenador no consiste en detener el proceso de pérdida de peso, sino en asegurar que la composición del peso perdido provenga mayoritariamente del tejido adiposo, salvaguardando la capacidad funcional del cliente.
Limitaciones del análisis
Al evaluar la información de este documento, es importante considerar los siguientes puntos metodológicos identificados en el análisis:
- Naturaleza de la revisión: Al tratarse de una revisión narrativa y no de una revisión sistemática con criterios de búsqueda estandarizados, no se puede garantizar la inclusión de la totalidad de la literatura disponible, existiendo la posibilidad de sesgos de selección en la evidencia analizada.
- Heterogeneidad de las mediciones: La comparación de datos en la literatura recopilada mezcla distintas herramientas de medición (DEXA, bioimpedancia, resonancia magnética), las cuales presentan diferentes niveles de precisión y sesgo. Esto dificulta la comparación directa y milimétrica de los porcentajes de pérdida entre diferentes estudios.
- Fármacos de preservación muscular en fase experimental: Las alternativas farmacológicas mencionadas para contrarrestar la pérdida de músculo (como inhibidores de miostatina o SARMs) se encuentran en fases clínicas preliminares (fases 1 y 2) o cuentan únicamente con datos preclínicos en modelos animales. No representan opciones terapéuticas viables o seguras en la actualidad.
- Falta de cuantificación del entrenamiento: El documento destaca la importancia del entrenamiento de fuerza, pero no detalla ni cuantifica de forma precisa la magnitud del efecto protector de este tipo de ejercicio específicamente dentro del marco de los tratamientos con GLP-1.
Conclusión
Los fármacos para la pérdida de peso representan una herramienta de gran utilidad para la salud cardiometabólica de muchos pacientes, pero no actúan de manera aislada. Para resguardar la funcionalidad y la masa muscular durante estos procesos de descenso drástico de peso, las intervenciones en el estilo de vida —especialmente el entrenamiento de fuerza y la nutrición adecuada— no son complementos secundarios, sino pilares fundamentales del tratamiento.
Khan, D., Handelsman, Y., et al. (2026). Fat, muscle, and anti-obesity medications in cardiovascular disease prevention. European Heart Journal, ehag201.
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