
¿Qué pasa con la fuerza y el músculo cuando cambian las hormonas? Lo que nos enseña un estudio de 12 meses
Introducción
Para cualquier persona interesada en mejorar su composición corporal, salud o rendimiento deportivo, surge una pregunta fisiológica fundamental: ¿hasta qué punto las hormonas sexuales determinan nuestra fuerza y nuestra masa muscular? A menudo se asume de forma simplista que la testosterona es la única responsable de la ganancia de fuerza y que niveles bajos de esta hormona conducen inevitablemente a una pérdida drástica de masa muscular. Sin embargo, la biología muscular es mucho más compleja.
Una excelente manera de comprender la interacción entre las hormonas, la masa muscular y la fuerza es analizar estudios clínicos sobre terapia hormonal de afirmación de género. Estos escenarios ofrecen una oportunidad científica única para observar cómo se adapta el tejido muscular humano ante cambios drásticos en el entorno hormonal.
Qué estudió y cómo
Este estudio de cohorte observacional, de centro único, realizado en el Karolinska Institutet (Suecia) y publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, analizó los efectos de 12 meses de tratamiento hormonal de afirmación de género sobre la función, el tamaño y la composición muscular en personas no entrenadas.
Participantes:
El estudio incluyó a:
- 11 mujeres transgénero (TW, edad promedio de 27 ± 4 años), quienes iniciaron una terapia de supresión de testosterona combinada con la administración de estrógenos (estradiol).
- 12 hombres transgénero (TM, edad promedio de 25 ± 5 años), quienes iniciaron una terapia de reemplazo con testosterona.
- Como grupos de referencia para la comparación en puntos específicos, se incluyeron datos previos de 17 hombres cisgénero (CM, 27 ± 5 años) y 14 mujeres cisgénero (CW, 26 ± 4 años) recreativamente activos de su laboratorio.
Intervención y Mediciones:
El protocolo tuvo una duración de 12 meses con evaluaciones en cuatro momentos específicos: al inicio (T00), a las 4 semanas tras la supresión gonadal inicial pero antes del reemplazo hormonal (T1), a los 3 meses del reemplazo (T4) y a los 11-12 meses del inicio del tratamiento (T12).
Las variables evaluadas incluyeron:
- Volumen muscular del muslo: Medido mediante resonancia magnética (RM) de cuerpo completo.
- Área de sección transversal (CSA) del cuádriceps y densidad radiológica: Evaluadas mediante tomografía computarizada (TC). La densidad radiológica sirve como indicador de la calidad del tejido (menor infiltración de grasa).
- Fuerza muscular de la rodilla: Evaluada con un dinamómetro isocinético para medir el torque máximo isométrico y dinámico (extensión y flexión de rodilla).
- Bioquímica sanguínea: Concentraciones de hemoglobina, testosterona y estradiol.
Qué encontraron
Los resultados revelaron respuestas notablemente diferentes entre ambos grupos tras un año de tratamiento:
En hombres transgénero (tratamiento con testosterona):
- El volumen del muslo y el área de sección transversal (CSA) del cuádriceps aumentaron significativamente en un 15%.
- La densidad radiológica del músculo (calidad del tejido) se incrementó en un 6%.
- La fuerza muscular aumentó notablemente (por ejemplo, un 12% en la extensión isométrica y un 26% en la flexión isométrica).
- Se observó un incremento del tejido magro corporal total y una disminución del tejido graso.
En mujeres transgénero (supresión de testosterona y reemplazo con estrógenos):
- La pérdida de masa muscular fue modesta: el volumen muscular del muslo disminuyó solo un 5% y el área de sección transversal del cuádriceps un 4%.
- La densidad radiológica muscular no mostró cambios estadísticamente significativos (-2%).
- La fuerza muscular se mantuvo prácticamente inalterada. A pesar de la supresión de la testosterona a niveles equivalentes a la castración, las participantes mantuvieron sus niveles de fuerza isométrica tanto en extensión como en flexión de rodilla.
- Hubo un aumento en el volumen de tejido adiposo general, pero la masa magra corporal total no disminuyó de forma significativa.
Comparación con los grupos de referencia a los 12 meses:
Al final del año de tratamiento, las mujeres transgénero continuaron presentando valores de fuerza absoluta y volumen muscular significativamente mayores que los hombres transgénero y las mujeres cisgénero de referencia, incluso al ajustar los datos por la altura de las participantes.
Qué significa para mujeres que entrenan o cuidan su salud
Para las mujeres que entrenan fuerza o buscan optimizar su salud metabólica y hormonal, este estudio aporta reflexiones valiosas:
- El papel protector de los estrógenos: La modesta pérdida de masa muscular (solo 4-5%) y la notable retención de la fuerza en las mujeres transgénero, a pesar de la supresión casi total de su testosterona, sugiere que el estradiol (estrógeno) ejerce un papel protector muy importante sobre el tejido magro. Esto indica que un entorno estrogénico saludable ayuda a preservar la masa muscular y la función física.
- La fuerza va más allá de la testosterona circulante: Este hallazgo desmitifica la idea de que la fuerza muscular depende exclusivamente de niveles elevados de testosterona en sangre en el corto plazo. Factores como la estructura previa del músculo, la densidad de fibras y las adaptaciones neuromusculares sostienen la fuerza de manera muy eficiente.
- Implicaciones para el envejecimiento y la menopausia: En etapas donde los estrógenos fluctúan o descienden drásticamente, como la menopausia, el riesgo de pérdida de masa muscular (sarcopenia) se incrementa. Comprender que el estrógeno protege el músculo refuerza la necesidad de acompañar estas transiciones biológicas con estímulos adecuados de fuerza.
Qué significa para entrenadores y profesionales
Si trabajás con mujeres en el ámbito del entrenamiento, la salud o la readaptación, estos datos te permiten tomar decisiones mejor fundamentadas:
- La estructura previa importa (memoria muscular): Los cambios estructurales previos (por ejemplo, el desarrollo muscular alcanzado en etapas anteriores de la vida o mediante entrenamiento constante) tienen un impacto sumamente duradero. Una intervención hormonal de 12 meses no «borra» de inmediato la masa muscular ni la fuerza preexistente.
- Priorizar la calidad del tejido sobre el tamaño: El estudio destaca el uso de la densidad radiológica para medir la calidad muscular. Diseñar programas que no solo busquen la hipertrofia visual, sino la funcionalidad del tejido y la reducción de la infiltración de grasa intramuscular, es clave para la salud metabólica de las alumnas.
- Contextualizar el entorno hormonal de cada alumna: Al entrenar a mujeres que atraviesan terapias hormonales (anticonceptivos, terapia de reemplazo en la menopausia o tratamientos endocrinos específicos), debés saber que la fuerza se puede mantener e incrementar eficazmente incluso en entornos con baja testosterona.
Aplicaciones prácticas
- No dependas de un «perfil hormonal perfecto» para entrenar pesado: La fuerza muscular se puede sostener y mejorar mediante adaptaciones del sistema nervioso y la constancia en el entrenamiento de fuerza, independientemente de variaciones hormonales moderadas o niveles bajos de testosterona.
- Combatir la pérdida de masa muscular en etapas de cambio hormonal: En mujeres que experimentan descensos estrogénicos (menopausia o amenorrea), el entrenamiento de fuerza sistemático es la herramienta no farmacológica más potente para mitigar la pérdida de tejido magro y preservar la densidad del tejido.
- Evaluación integral de la fuerza: Al programar el entrenamiento, prestá igual atención a la cadena anterior (extensores de rodilla) y posterior (flexores), ya que ambos grupos musculares responden de manera particular a las demandas de fuerza y estabilidad.
- Considerá el historial físico individual: Las adaptaciones musculares son de largo aliento. Si una alumna entrenó intensamente en el pasado, su capacidad para retener y recuperar esa fuerza y masa muscular es alta, lo cual debe guiar la progresión y las expectativas de los entrenamientos actuales.
Limitaciones del estudio
Es fundamental interpretar estos hallazgos con prudencia debido a limitaciones metodológicas propias del diseño:
- Muestra reducida: El estudio contó con una muestra pequeña (11 mujeres transgénero y 12 hombres transgénero), lo que limita la generalización de los resultados.
- Nivel de actividad física: Los participantes eran personas no entrenadas al inicio del estudio. No es posible afirmar con certeza si estos mismos porcentajes de retención o ganancia muscular se presentarían de igual forma en atletas de alto rendimiento sometidas a entrenamientos de alta intensidad.
- Duración de 12 meses: Aunque un año proporciona información valiosa, se desconocen los efectos residuales o los cambios en la composición muscular que podrían ocurrir a más largo plazo (varios años de terapia hormonal continua).
- Falta de grupo control longitudinal: No se realizó un seguimiento paralelo y bajo las mismas condiciones de evaluación a un grupo de control cisgénero no expuesto a terapias hormonales.
Conclusión
Este estudio sugiere que la masa muscular y la fuerza presentan una resiliencia notable ante variaciones hormonales profundas. Tras un año de supresión de testosterona y administración de estrógenos en mujeres transgénero, las pérdidas de tamaño muscular fueron modestas y la fuerza se mantuvo estable, lo cual resalta el potencial papel protector de los estrógenos en el tejido muscular. Por otro lado, la terapia con testosterona en hombres transgénero generó incrementos significativos tanto en el tamaño como en la calidad y la fuerza del músculo. Estos hallazgos nos recuerdan que la función muscular es el resultado de una compleja red de factores estructurales, neurológicos e individuales que van mucho más allá de una sola hormona circulante.
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Wiik, A., Lundberg, T. R., Rullman, E., Andersson, D. P., Holmberg, M., Mandić, M., Brismar, T. B., Leinhard, O. D., Chanpen, S., Flanagan, J. N., Arver, S., & Gustafsson, T. (2020). Muscle Strength, Size, and Composition Following 12 Months of Gender-affirming Treatment in Transgender Individuals. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 105(3), e805–e813.
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