
¿Entrenar fuerza puede detener el crecimiento de los niños?
Un estudio de 1964 contribuyó a instalar una creencia que todavía persiste. ¿Qué decía realmente aquella investigación y qué sabemos hoy sobre el entrenamiento de fuerza infantil?
Durante años, muchos padres y profesores escucharon la misma advertencia: si un niño levanta pesas, dejará de crecer. La frase se repitió tanto que terminó pareciendo una verdad científica. Pero ¿de dónde surgió?
Uno de sus antecedentes más citados se remonta a 1964. En Japón, S. Kato y T. Ishiko presentaron un trabajo sobre el crecimiento óseo de niños que realizaban labores físicas exigentes en zonas rurales. Según revisiones posteriores, aquellos niños transportaban cargas habitualmente y presentaban menor estatura. La interpretación fue que el esfuerzo excesivo podía obstaculizar su crecimiento.
Sin embargo, aquí aparece un problema fundamental: esos niños no participaban en un programa de entrenamiento de fuerza. Trabajaban en condiciones muy distintas a las de una clase organizada, con progresión, descansos y supervisión. Tampoco podía descartarse la influencia de la alimentación, las condiciones de vida y otros factores sobre su estatura. Además, el documento original no resulta fácilmente accesible, por lo que buena parte de lo que conocemos proviene de revisiones históricas.
La asociación entre realizar trabajo pesado y tener menor estatura no demostraba que una cosa provocara la otra. Aun así, contribuyó a alimentar una preocupación que se mantuvo durante décadas. Más adelante, los casos de lesiones en placas de crecimiento de jóvenes levantadores de pesas reforzaron el temor. Pero tampoco era correcto trasladar automáticamente esos accidentes a cualquier forma de entrenamiento infantil.
Hoy contamos con evidencia mucho más sólida. La Academia Estadounidense de Pediatría, en su informe de 2020, señala que los programas de fuerza bien diseñados no han demostrado afectar negativamente el crecimiento longitudinal ni la salud de las placas de crecimiento. También reconoce beneficios en fuerza, habilidades motrices y preparación física.
El consenso internacional de 2014 ya recomendaba programas adaptados a la maduración, la competencia técnica y la experiencia previa de cada participante.
Eso no significa que cualquier entrenamiento sea adecuado. Un niño puede lesionarse si se le imponen cargas, volúmenes o ejercicios que no corresponden a sus capacidades, especialmente sin una supervisión competente. La seguridad depende de cómo se enseña, se organiza y se progresa.
Además, entrenar fuerza no equivale exclusivamente a levantar barras o mancuernas. Empujar, traccionar, trepar, saltar, transportar objetos y controlar el propio cuerpo son oportunidades para desarrollarla. El objetivo no tiene por qué ser levantar más peso: también puede ser aprender a moverse mejor y ganar confianza.
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